América Latina

Ex Marine vive una pesadilla en México

 

McClatchy News Service

Siendo infante de la Marina de EEUU, Jon Hammar soportó la tensión pesadillesca de patrullar las calles de Faluya, devastadas por la guerra en Irak. Cuando llegó a casa, con la brutalidad de la guerra todavía en el cerebro, le resultó difícil alcanzar la paz mental.

La navegación en tabla, o surfing, le proporcionaba su único respiro.

“Sólo cuando está en el agua, es cuando Hammar no tiene la mente perdida”, dijo un veterano compañero suyo de la Marina, Ian McDonough.

Hammar y McDonough idearon un plan: Comprarían una casa rodante usada, cargarían en ellas sus tablas de surfing y viajarían desde la zona de Miami a Costa Rica para encontrar “un lugar donde estar solos, en algún sitio lejos”, dijo McDonough.

Sólo llegaron a la frontera con México. Hammar está en una prisión de Matamoros, donde pasa gran parte del tiempo encadenado a una cama y recibiendo amenazas de muerte por parte de pandilleros. Está fuera de su entorno, sin duda, a poca distancia de la frontera con EEUU. Pero se trata más de un agujero negro que de un lugar donde sanar un alma atormentada.

La razón puede parecer ridícula. Hammar llevó una vieja escopeta de 60 años de antigüedad a México. La escopeta Sears & Roebuck calibre .410 perteneció antiguamente a su bisabuelo. El arma había sido transmitida de generación en generación, y se había convertido casi en una parte de Hammar, adecuada para cazar pájaros y conejos.

Pero los fiscales mexicanos que vieron la reliquia desmontada en la casa móvil Winnebago de 1972, desestimaron los papeles de inscripción estadounidenses que Hammar había llenado. Se le acusó de un delito grave: la posesión de un arma de uso restringido excepto para las fuerzas armadas mexicanas.

Hammar, un ex residente del sur de la Florida, no es el único estadounidense acusado de dudosos cargos relacionados con armas de fuego en la frontera de México. En abril pasado, el conductor de un camión que transportaba municiones a través de Texas se perdió cerca de la frontera, penetró en México para hacer una vuelta en U, y se vio obligado a pasar más de seis meses en la cárcel.

Ya han pasado varios meses desde el arresto de Hammar, el 13 de agosto, y sus compañeros ex infantes de marina están furiosos y atónitos, impotentes para ayudarlo.

“Es desgarrador. Se trata de un hombre con el que serví en numerosas situaciones de combate, y era uno de los mejores que hemos tenido”, dijo James García, un veterano sargento de la Marina.

Hammar, de 27 años, entró en la Marina y fue enviado a Afganistán e Irak antes de recibir la baja honorable en el 2007, y sirvió otros cuatro años en la reserva inactiva. En Faluya, una de las ciudades más peligrosas de Irak, el batallón de Marina de Hammar se vio hostigado duramente, con 13 muertos en combate y más de 100 heridos, dijo García.

“Había días en los que me decía: ‘de aquí no voy a poder salir’, dijo García. “Cuando no eran los artefactos explosivos improvisados​​, eran los coches bomba o las bombas suicidas”.

En Afganistán, la unidad de infantes de Marina estuvo a cargo de la seguridad del presidente Hamid Karzai, protegió la realización de elecciones y desactivó células insurgentes cerca de Kabul.

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