Alrededor de 100 muchachos menores de edad podrían haber muerto entre 1900 y 1960 en una controversial prisión de menores en el Panhandle de la Florida, entre ellos siete chicos que perdieron la vida tras realizar intentos de fuga, según un nuevo informe que plantea preocupantes preguntas acerca de la Escuela Dozier para Menores, ahora cerrada.
Mientras los administradores de justicia de menores del estado tratan de vender la propiedad Dozier en la zona rural de Marianna, investigadores de la Universidad del Sur de la Florida realizaron un exhaustivo análisis arqueológico e histórico del sitio, en un esfuerzo por localizar los lugares de sepultura de los menores. En un informe de 114 páginas publicado el lunes por la mañana, los investigadores concluyen que un mínimo de 98 menores murieron en Dozier entre 1911 y 1973.
El mayor sitio de enterramiento está en el lado norte del campo de prisioneros, al lado de un vertedero de basura en lo que hace años fue llamada la sección de color de Dozier. Aunque el cementerio tiene 31 tumbas marcadas con cruces de tubería de PVC, el informe indicó que los marcadores no se corresponden con los enterramientos reales, y es probable que más de 31 menores hayan sido enterrados allí.
Dozier, que se inauguró como la Escuela Reformatorio del Estado de la Florida el 1º. de enero de 1900, se mantuvo en operaciones continuas hasta el 30 de junio del 2011, cuando el Departamento de Justicia de Menores la cerró en medio de una polémica de años acerca del abuso físico y sexual de los menores.
En el otoño del 2008, una docena de hombres de mediana edad de todo el estado se presentaron y dijeron que fueron violados o golpeados despiadadamente o ambas cosas en el recinto de Marianna. Los Muchachos de la Casa Blanca como algunos de los hombres se apodaron a sí mismos por la achatada cabaña blanca donde eran azotados, a veces 100 veces o más ya han dado lugar a por lo menos dos libros y un movimiento para extraer algún tipo de compensación de parte de la Legislatura de la Florida.
En octubre del 2008, alrededor de media docena de los hombres volvió a Dozier. Allí, los administradores del Departamento de Justicia de Menores (DJJ), junto con el personal que trabajaba allí en ese momento, inauguraron una placa en el exterior del edificio y plantaron un joven árbol de mirto junto al ya destartalado edificio de la Casa Blanca. Algunos de los hombres sollozaban mientras recorrían el interior de la cabaña, donde narraron brutales golpizas a un pequeño grupo de periodistas.
Los registros de Dozier que fueron revisados por la universidad indican que 54 menores fueron enterrados en los terrenos de la escuela, y 31 fueron enviados a otros lugares para su entierro. Los administradores de la institución no indicaron el lugar de enterramiento de otros 22 menores.
Los registros de la prisión sugieren que los administradores pueden haber minimizado el número de muertes que ocurrieron allí en los informes al Estado especialmente cuando se trataba de menores blancos.
Los informes bienales a los legisladores del estado a principios del siglo XX a menudo enumeran menos muertes que las que aparecen en los libros de la institución, indicó el informe. En un informe de julio de 1926, por ejemplo, el director de la escuela dijo a los legisladores que cuatro menores murieron en 1925 y 1926, todos ellos muchachos negros. Pero los libros escolares mostraron que seis menores murieron durante ese tiempo, incluyendo a dos chicos blancos.
Uno de los menores cuya muerte no fue mencionada en 1926 fue un muchacho llamado Thomas Curry, un chico blanco que, según su certificado de defunción, murió de un trauma contundente en la cabeza. Los registros indicaron que Curry murió lejos del recinto de la prisión después de haber escapado.
Los registros sugieren que los menores que se fugaron de la prisión del norte de la Florida a menudo encontraban una muerte violenta: dos chicos que escaparon murieron de trauma contundente, y dos murieron por heridas de bala en la cabeza o en el pecho. Dos menores murieron en colisiones de vehículos; de uno se escribió que había sido atropellado por (un) automóvil.
Incluso en la muerte, los menores negros recibían un trato desigual en Dozier: los menores afroamericanos eran tres veces más propensos a ser enterrados en un lugar no especificado, que sus compañeros blancos, según el informe.






























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