En una mesa redonda de discusión de escuelas secundarias celebrada el martes en Fort Lauderdale, todos los ojos se volvieron hacia el sobreviviente del Holocausto de 93 años Julius Eisenstein cuando él mostró su tatuaje de identificación: número B1208.
El tatuaje era prueba de los años pasados en varios campos nazis de concentración, pero también prueba de su supervivencia.
Eisenstein fue uno de 70 sobrevivientes que contaron sus historias el Día de la Conciencia del Estudiante, organizado por el programa de reducción de prejuicios del Centro de Documentación y Educación del Holocausto para enseñar a los estudiantes los peligros del abuso ( bullying), el racismo, el odio y la intolerancia.
“Todo empieza con nosotros mismos, sin que importe la raza, el color, el origen étnico, la orientación sexual: todo el mundo tiene derecho a vivir en libertad y armonía, y tenemos que aprender a respetarnos los unos a los otros”, dijo Rositta Kenigsberg, vicepresidenta ejecutiva del Centro de Documentación y Educación del Holocausto.
Más de 700 estudiantes de 20 escuelas en los condados Miami-Dade, Broward y Palm Beach asistieron al taller celebrado en el Centro de Convenciones del Condado Broward.
Por 27 años, la misión del Centro de Documentación y Educación del Holocausto ha sido ayudar a que los estudiantes puedan conocer las historias de los sobrevivientes del Holocausto en un ambiente no confesional.
“Ellos son testigos oculares que han experimentado el odio en su forma suprema”, dijo Kenigsberg. “Ellos hablan a los estudiantes sobre lo que puede suceder si continúan odiando, y se convierten en mentores y en testigos oculares”.
Los estudiantes escucharon diversas historias, desde la de Leon Heller, quien formó parte del equipo del Ejército de EEUU que liberó el campo de concentración de Buchenwald; Samuel Ron, quien describió los horrores de perder a su familia y de pasar un hambre extrema durante largos períodos de tiempo; y Rita Hofrichter, quien se hizo pasar por cristiana para sobrevivir al Holocausto.
“Es necesario contar esas historias, para que todos puedan ver los pasos que condujeron al Holocausto. Eso no fue algo que sucedió enseguida en campos de concentración, sino que empezó despacio”, dijo Hofrichter. “Tengo la esperanza de mostrar a los estudiantes que odiar a alguien hace tanto daño como ser odiado”.
La mayoría de los estudiantes nunca habían conocido a un sobreviviente del Holocausto, y pudieron hacerles preguntas y tener conversaciones individuales con ellos.
“Creo que después de esto voy a tener mucha más tolerancia”, dijo Aeirian Exalien, estudiante de último año de Coral Gables High. “Esto es mejor que cualquier cosa que se pueda leer en un libro”.
Eisenstein contó a los estudiantes sobre su separación de su propia familia, vivir en una habitación con cuatro familias en un gueto, pasar un hambre extrema, recoger cadáveres y llegar a varios campos de concentración, incluyendo el de Auschwitz.
“Un número pequeño de personas pueden contribuir mucho al mundo”, dijo Eisenstein mientras contaba a los estudiantes sobre su vida después del Holocausto. A pesar de sus experiencias como víctima, Eisenstein dijo a los estudiantes que era posible perseverar en seguir viviendo.
“Yo nunca hubiera creído que alguien podría pasar por todo esto y estar todavía aquí”, dijo Ashley Correa, estudiante de tercer año de Everglades High en Miramar. “Esto me enseña a apreciarlo todo y a no dar nada por sentado”.





























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