Ileana Ros-Lehtinen intercede por veterano en cárcel mexicana

 

pmazzei@MiamiHerald.com

Cuando la madre de un veterano militar arrestado y detenido en una peligrosa cárcel extranjera llamó hace dos semanas a la oficina de su representante federal en busca de ayuda, Ileana Ros-Lehtinen dijo que le costó trabajo creer que Jon Hammar, soldado de primera de los Marines, estuviera en la cárcel por llevar consigo una escopeta de sesenta años a México.

“Dijimos: ‘Seguro que ella está exagerando’ ”, recordó Ros-Lehtinen, republicana de Miami.

Pero ella no exageraba. El hijo de Olivia Hammar llevaba casi cuatro meses en una prisión estatal en Matamoros, junto a la frontera de EEUU.

Sus padres, quienes viven en Palmetto Bay, trataron de resolver el asunto discretamente, contratando abogados en México y lidiando con el consulado de EEUU en ese país. Pero su esfuerzo no tuvo resultado alguno.

Ahora la familia ha salido a la palestra pública, tan pública que hasta los carceleros de Hammar han visto el caso en las noticias.

“¿Qué está pasando?”, preguntó Hammar el miércoles en una llamada a altas horas de la noche, según sus padres. “Aquí los guardias están volviéndose locos”.

La historia de cómo Hammar, de 27 años, quien regresó de las guerras de Irak y Afganistán padeciendo de trastorno de estrés postraumático (PTSD) y esperaba encontrar un poco de tranquiidad haciendo surf en Centroamérica, acabó encadenado a una cama en una cárcel mexicana, llamó la atención general después de que McClatchy, la compañía madre de The Miami Herald, publicó un reportaje sobre el caso la semana pasada.

En agosto, Hammar y otro ex infante de marina que había sufrido PTSD cruzaron a México en una casa rodante Winnebago de 1972, con planes de ir manejando hasta Costa Rica. Los detuvieron porque Hammar había traído consigo una escopeta Sears & Roebuck calibre .410 que había pertenecido a su bisabuelo.

Hammar había recibido instrucciones de las autoridades estadounidenses de hacer papeles de registración para la escopeta, que sirve únicamente para cazar pájaros, dijo su familia. Pero las autoridades mexicanas ignoraron los papeles y acusaron a Hammar de posesión de un arma de uso restringido a las fuerzas armadas mexicanas, un delito grave. De ser hallado culpable, podría recibir una sentencia de 3 a 12 años.

Días después de que Hammar fuera encarcelado, sus padres recibieron llamadas de otros presos involucrados en un cartel de drogas que trataban de chantajearlos, dijeron los Hammar.

Ellos no pagaron. Diplomáticos estadounidenses consiguieron que sacaran a Hammar de entre los demás presos y lo pusieran en confinamiento solitario. Allí, funcionarios mexicanos han dicho que Hammar es encadenado periódicamente a la cama o la pared para impedir que trate de huir, dijo Ros-Lehtinen a los reporteros el jueves en su oficina de Miami.

Ros-Lehtinen y el senador demócrata de la Florida Bill Nelson han hablado sobre Hammar en sesiones del Congreso. Más de dos docenas de congresistas han firmado una carta a la secretaria de Estado Hillary Clinton y la secretaria de Seguridad Territorial Janet Napolitano que fuera redactada por la oficina de Ros-Lehtinen.

“Me siento optimista de que todo va a salir bien”, dijo Ros-Lehtinen, a quien se le unió el comisionado de Miami-Dade José “Pepe” Díaz, también ex Marine, y otros funcionarios electos. “En estos pocos días antes de las Navidades, vamos a traer a su hogar a Jon Hammar”.

Los amigos de Hammar de su secundaria, Westminster Christian School, y su iglesia, Old Cutler Presbyterian, ambas en Palmetto Bay, también se han movilizado, junto a los compañeros de natación de su hermana menor Katie. Ellos crearon un par de peticiones en internet pidiendo la liberación de Hammar. Hasta la tarde del jueves, las dos peticiones habían reunido más de 12,000 firmas.

Más de tres docenas de amigos de Hammar se reunieron el jueves en la oficina de Ros-Lehtinen, con cintas amarillas en apoyo a las familias de militares. Compañeros de clase de la hermana de Hammar, la cual no ha podido regresar todavía a casa porque está tomando exámenes universitarios en Carolina del Norte, dijo que ellos han decorado árboles en Westminster con mensajes para Hammar.

“Todo el mundo lo quiere”, dijo de Hammar Brittany Hays, de 22 años, quien lo conoce hace más de una década.

Varios amigos describieron a Hammar como de buen corazón y amistoso, con la melena y el comportamiento relajado de un surfista. Cuando era niño, sus amigos hispanos le decían “Juan Martillo” (una traducción jocosa del significado fonético de su nombre). En la secundaria, muchas muchachas vivían enamoradas de él. A él le encantaba el agua y trabajaba de voluntario enseñando a niños discapacitados a navegar, dijo un vecino suyo y compañero de clases de secundaria.

Después de los ataques terroristas del 9/11, Hammar y un grupo de amigos se enlistaron en el Cuerpo de Infantería de Marina. El fue enviado a Afganistán e Irak, donde su batallón perdió más de una docena de soldados, hasta que le dieron baja con honores en el 2007. Prestó servicio luego otros cuatro años en la reserva inactiva.

El año pasado, Hammar entró voluntariamente a un centro residencial de tratamiento para veteranos en California, donde recibió tratamiento por nueve meses en PTSD. (Su madre dijo que él se quejaba de que el mar en California era demasiado frío para el surf. “Tengo que regresar a Miami”, le dijo.)

En la cárcel, Hammar revirtió a modo de combate, afirmó su madre, quien le dice Jonny.

“Además de sentirse un poco desesperanzado, está furioso”, dijo ella. “Se ha leído toda la Biblia, porque es lo único que tiene”.

Olivia Hammar, directora de una revista, dijo que ella busca en Google todas las mañanas noticias sobre México para averiguar si ha pasado algo violento en la cárcel de Matamoros o cerca de la misma. Ella esperaba que Hammar regresara de México en septiembre, cuando su esposo, ingeniero de software que también se llama Jon, viajó a Matamoros a luchar porque pusieran en libertad a su hijo.

“La situación se ha hecho precaria ahora que hemos salido a la palestra pública”, dijo Jon Hammar, quien hizo un llamado a terminar “con este suceso tonto y desafortunado”.

Los amigos de Hammar, quienes tienen la esperanza de que él haya regresado para las Navidades, están planeando una celebración para el 26 de diciembre. También se está elaborando un plan para recaudar dinero con vista de enviar a Hammar a Costa Rica, en avión.

“Estamos muy orgullosos de todo lo que él ha hecho”, dijo su amiga Jessica Fernández. “No vamos a descansar hasta que él no esté de regreso en casa”.

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