Padre añora vivir junto a su hija enferma

 

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Heriberto López es un padre que trabaja duro toda la semana en el departamento de limpieza de un hotel de Miami. Su salario, sin embargo, no le alcanza para pagar el alquiler de un apartamento y por eso comparte la vivienda con un grupo de personas.

Lo grave de la situación para López es que la falta de espacio y comodidades básicas le impide llevar a vivir con él a su hija Lisbeth, de 17 años, quien sufre de parálisis cerebral.

“Cuando no pude seguir pagando el apartamento donde vivíamos y me mudé con otras personas tuve que llevarla a una institución donde reside y la cuidan a tiempo completo’’, contó López, de 49 años, quien junto con su esposa viajó en una embarcación desde Cuba hasta Miami, en 1994.

A su esposa la perdió hace tres años a consecuencia de un cáncer de pulmón.

“Ella se encargaba todo el tiempo del cuidado de la niña, pero después de su muerte todo se vino abajo’’, lamentó

Luego vinieron los problemas financieros y desde hace dos meses, la niña vive en la institución.

“Espero que esta situación sea temporal, estoy en la búsqueda de un sitio que pueda pagar y donde me pueda mudar con ella. Vivir lejos de mi hija me ha afectado mucho, me ha hecho sentir muy deprimido’’, agregó.

La niña asiste todas las mañanas al programa especial de Neva King Cooper, en Homestead y el resto del tiempo reside en el Sunrise Community Center.

“Con cierta frecuencia, yo la recojo y la llevo a pasear, eso cuando no está enferma, porque últimamente ha estado delicada y ha sido ingresada por infección en los riñones’’, dijo el padre.

“Ella no puede entender mucho, me conoce, me dice papá y sabe muy pocas palabras. Se entretiene con un papel o cualquier cosa, pero la extraño mucho y ella a mi’’, agregó.

La vivienda no es el único problema que enfrenta este padre solo. Si López no consigue el dinero para pagar las cuotas atrasadas de su camioneta van Honda Odyssey del 2006, adaptada especialmente para llevar la silla de ruedas de Lisbeth, es posible que pronto no tenga tampoco un vehículo para transportarla durante sus paseos y a sus citas médicas.

“Desde hace tres meses me ha sido imposible cumplir con las cuotas de $430 mensuales. Me han llamado del banco a decir que van a tener que quitármela’’, contó.

Aunque nunca se imaginó en la necesidad de tener de pedir ayuda, a López le gustaría poder pagar los $7,000 que restan de la deuda de la camioneta o al menos, poderla amortizar de alguna manera.

“Por un tiempo yo la pude cuidar (a su hija), iba a trabajar en las mañanas, mientras ella acudía a la escuela y me asistían con algunas horas de cuidado en la casa. Sin embargo, el dinero no alcanzaba y tuve que llevarla a la institución para poder trabajar’’, explicó López.

Su sueño es mudarse a un apartamento con la niña a comienzos del año entrante.

“Siento pena de esta situación de tener que pedir dinero, pero no quisiera perder la camioneta porque es donde puedo transportar a la niña en su silla de ruedas y es además el medio para poder llegar a mi trabajo ’’, concluyó.

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