La llegada de Lucho Gatica a La Habana cambió el ritmo de su carrera. Aunque ya conocía el género del bolero, allí enriqueció su repertorio y dejó de cantar tangos y folclor chileno. Y anduvo con el pie derecho porque La Habana de entonces no dormía. Inquieta, llena de luces, despertaba cada día con nuevos temas y propuestas musicales. El bolero salía de su letargo y se nutría de recursos interpretativos nunca antes vistos.
Yo cantaba música folclórica y tango. Pero lo que me hizo dedicarme al bolero fue la cantidad de canciones, boleros, que había sobre todo en Cuba y en México, dice Lucho Gatica en una entrevista telefónica desde México para El Nuevo Herald. El destacado cantante acaba de regresar de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara donde recibió, semanas atrás, un gran homenaje en el Pabellón de Chile, país invitado de honor.
Lucho Gatica ha marcado a fuego la música chilena y ha representado también, como ninguno tal vez, el nombre de nuestro país en el extranjero, dijo el Ministro de Cultura de Chile, Luciano Cruz-Coke, al entregarle la Orden al Mérito Pablo Neruda, la máxima distinción del Consejo de la Cultura y las Artes a figuras del quehacer artístico cultural de alcance internacional.
La familia del artista, entre ellos su hija Aída Gatica y su nieto Carlos Hermosillo Gatica, estuvo presente en el homenaje, que la estrella de la canción calificó de maravilloso. Sobre todo, por parte del pueblo de Guadalajara que es cariñosísimo. Cuando terminó, todo la gente empezó a aplaudir y yo a cantar con ellos las canciones mías.
Luis Enrique Gatica Silva, Lucho, nació el 11 de agosto de 1931 en el barrio Población Rubio de Rancagua, pueblo minero de la zona central de Chile, en el seno de una familia de siete hermanos (Humberto, Orlando, María, Arturo, José Agustín, Yolanda y él, cuyo apodo era Pitico.). Sus padres fueron Don José Agustín Gatica, comerciante y pequeño agricultor, y Doña Juana Silva, ama de casa y aficionada a la música (tocaba el arpa y la guitarra). El padre murió cuando el futuro Rey del bolero tenía apenas cuatro años de edad y le tocó a Doña Juana sacar adelante a tan extensa prole y hasta cubrir los gastos de los estudios de sus hijos, incluyendo los de mecánica dental de su hijo Lucho. Para entonces, con tan solo 15 años, ya cantaba en Radio Minería de Chile con su hermano Arturo Gatica, diez años mayor que él.
No interpretó el bolero de la forma tradicional ni con el estilo del feeling. Lo suyo era puro romanticismo, una invitación constante a intimar, a despertar la líbido.
Lucho Gatica llegó a La Habana por primera vez en 1952. Olga Guillot, la gran bolerista ya fallecida, contó que le pidió a su representante Eugenio Tito Garrote lo invitara a la capital cubana, que junto con México eran sitios obligados para llegar a ser un artista famoso. Lucho la deslumbró con su voz durante su gira a finales del año anterior por el país austral. Arturo Gatica, cantante ya reconocido, lo llevó ante ella y lo escuchó cantar, acompañándose con su guitarra, las cuecas más bellas, mientras Olga, a capella, interpretaba los boleros feeling de José Antonio Méndez y de César Portillo de la Luz. Lucho se entusiasmó con este nuevo estilo de bolero y se aprendió La gloria eres tú, Contigo en la distancia, Delirio, y otros números, afirmó la Guillot.





























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