Los graduados de la Universidad de St. Thomas podrían haber esperado este sábado el discurso de graduación tradicional de la persona designada como orador principal, el empresario Miguel Mike Fernández.
En su lugar, ellos se convirtieron en testigos presenciales de la relación de amistad surgida entre dos hombres que lucharon contra la adversidad y las circunstancias para lograr una vida mejor.
Fernández, un líder en compañías de servicio de salud a quien le fue entregado un título honorario, habló de fracasos y contratiempos como experiencias de aprendizaje, y compartió algunos de esos espisodios.
El fracaso y la adversidad son pasos necesarios en el camino del éxito, aseguró Fernández enn sus palabras.
Pero mientras pronunciaba su discurso presentó a Jorge Alvart, un ex preso político cubano, a quien Fernández conoció recientemente.
La verdadera lección que hay que aprender es que este hombre vino en una balsa hace cinco años con nada más que el deseo de trabajar, pero él no tomó el camino fácil, dijo Fernández.
Compartió con la audiencia la historia de Alvart, al que en Cuba donde le amputaron los brazos mientras cumplía prisión, y sin embargo nunca se rindió en el empeño de lograr su sueño de venir a Estados Unidos, donde ha triunfado ha comenzado un negocio, y a donde logró traer a su esposa y sus dos hijos.
El es modelo para cualquiera que piense que ha tenido un mal día, dijo Fernández, de 60 años.
La relación entre estos dos hombres surgió la semana pasada, cuando Fernández veía las noticias en NBC6 y presentaron una historia sobre Alvart y las dificultades que tenía para vender árboles de Navidad en su negocio de orquídeas.
Me quedé impactado con el hecho de que tenía puestos los ahorros de toda su vida en este negocio y en árboles de Navidad, dijo Fernández.
Quedó tan impactado que fue a la tienda de orquídeas de Jorge y lo conoció, y respondió a todas sus oraciones cuando le ofreció comprar todos los árboles en venta.
Fernández le entregó a Alvart un cheque en pago de sus 600 árboles de Navidad a nombre de Simply Healthcare Plans, donde es presidente de la junta. Le dijo que con ellos haría regalos a familias necesitadas en Miami-Dade.
Estas Navidades son las mejores que he pasado, dijo Alvart, de 43 años, durante una entrevista la semana pasada. El no sólo me ayudó, sino que ayudó a otras 600 personas.
Las dificultades que Alvart tenía para vender los árboles de Navidad, en los que invirtió $30,000, se deben a unos trabajos de reparaciones que están teniendo lugar en Red Road, frente a su tienda de orquídeas, localizada en el 2032 de la 57 Avenida del S.W.
Cualquiera que diga que este país no da oportunidades para los que las buscan, puede simplemente mirarlo, dijo Fernández.
Comprar los árboles de Navidad no fue la única forma en que Fernández llevó esperanza a Alvart y a su familia. Cuando Fernández supo que Alvart estaba en las etapas finales de una cirrosis hepática producto de una hepatitis B que contrajo cuando estaba en prisión en Cuba, contactó al gerente general del Hospital Jackson Memorial, Carlos Migoya, para que se evaluara a Alvart y se colocara en la lista de transplantes de hígado.





























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