De esta forma, durante estos cinco días “no se hacía nada” y “si alguien se tropezaba significaba que se iba a caer el resto de su vida”, en una especie de “resonancia extraordinaria”, por la cual era mejor no padecer ninguna desgracia durante estas jornadas.
“Ellos sentían que durante esos cinco días estaban en el caos primordial. Eso me parece sabio porque evita eventualmente que tengamos que esperar un fin catastrófico del mundo al final de los tiempos, como en el contexto cristiano”, dijo el investigador.
Los que tenían la desgracia de nacer durante los días nemontemi “veían su ser permeado por la vanidad de aquellos días y se convertían en personas vanas”, es decir, “que no pertenecían a ningún tiempo, ni a ningún lugar”, pues ni siquiera tenían “tonalli”, una especie de “entidad anímica del cuerpo humano”, afirmó.
Este elemento de canalización de la angustia por el fin del mundo, es según el experto, solo una prueba más de la importancia que tenía para las culturas mesoamericanas el registro y el estudio del tiempo, un elemento que incluso se veía en el lenguaje, donde las fechas hacían el papel de adverbios de tiempo.
Para la profesora e investigadora de lengua y cultura maya de la Universidad Autónoma de Campeche (UACAM) Cessia Esther Chuc Uc, los mayas prehispánicos tenían la necesidad de calcular el tiempo porque les afectaba en todos los aspectos de su vida, desde las previsiones climatológicos y las cosechas, hasta los conflictos entre tribus.
“El tiempo, si bien es cierto que es matemática pura, también sirvió para tener una estabilidad social y política”, aseguró Chuc Uc, quien agregó que esta necesidad procedía también de la estrecha relación que estos pueblos guardaban con la naturaleza.
“Había que domesticarla (a la naturaleza), porque también representaba una amenaza a la integridad física, por las sequías, las inundaciones (…), de ahí la importancia del cálculo, que está demostrado que alcanzó grandes avances”, precisó.

























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