En el año 2003 yo trabajaba en un taller de chapistería y pintura en Hialeah [Florida] y allí tuve un problema por una secretaria bien bonita quien nos trastornó la cabeza a más de uno. Yo le decía cositas cuando pasaba a mi lado hasta que un buen día me excedí un poco porque la agarré del brazo y, antes de que se pudiera zafar, le estampé un beso en la boca que ella no pudo (¿ó no quiso?) escapar.
Yo pensaba (y tenía razón) que ella no me iba a rechazar y, menos aún, formarme un problema. Pero no me acordé que el dueño había instalado cámaras de seguridad en el taller después que unos meses atrás se nos habían metido los cacos y se habían llevado como $8,000 en equipos y herramientas.
La escena con la muchacha había quedado perfectamente captada por una de esas cámaras. Cuando el patrono las revisó al día siguiente la llamó a ella y le dijo que la iba a botar. (Yo pienso que él estaba rabioso cuando vio lo del beso porque la muchacha, digo yo, se había resistido a sus propias insinuaciones). Como ella no quería perder el empleo, ¿sabe lo que hizo? Le dijo que yo la había asaltado sexualmente y que le iba a formar un problema a la empresa y pedir indemnizaciones. El patrono consultó con su abogado y para evitarse el lío (y no perder a la muchacha), la convenció de denunciarme por abuso sexual. Vino la policía y quedé detenido durante tres semanas acusado de un misdemeanor no sexual ( battery simple) hasta que salí por “sentencia cumplida”. A la postre quedé, como dicen, “sin el pan y sin el perro” – sin trabajo, sin la muchacha, y con la única mancha que he tenido en toda mi vida.
Ahora yo estoy reorganizado en mi propio pequeño taller, me casé con mi novia (que no se ha enterado nunca de ese incidente) y quisiera hacerme ciudadano. Pero me han dicho personas de confianza que no debo tratar de hacerlo porque cuando me examinen para naturalización, en lugar de darme la ciudadanía, me pueden deportar.
Soy colombiano, llevo casi 10 años de ser residente (me pidió mi padre que es ciudadano y vivo felizmente casado con mi esposa, que es americana, y ella lleva unos seis meses de estar en estado. Yo, en cambio, he perdido el sueño y me atormenta toda esta incertidumbre. ¿Qué piensa usted que puedo y debo hacer? Su opinión me es muy valiosa porque las personas me han dicho que usted nunca se equivoca. Le quedo muy agradecido por su orientación.
Juan Alberto D., Miami
¡Ajualá [sic] así fuera! (Así decía mi querido padre, q.e.p.d., para no decir “ojalá”, pienso yo porque no quería hablar mahometano). ¿Que yo “nunca me equivoco? ¡No es cierto! De infalible, dicen del Papa, pero de eso yo no tengo nada. Mi cuenta de banco sería otra si me dieran un billete de $100 por cada vez que me he equivocado... De todo esto sólo digo dos cosas: primera, que de cada error mío en la vida he aprendido el doble de cómo no se deben hacer las cosas (!), y, segunda, que en ese sentido, ¡soy ¡más que millonario!. Así y todo, soy bien cuidadoso y, en cosas de inmigración, me equivoco.... “pocón, pocón”, como dice Myriam, una bellísima amiga colombiana de mi esposa y yo...
Usted, Juan Alberto, no deje de dormir tranquilo por una preocupación... sin fundamento. Los delitos sexuales son muy peligrosos porque hay una sección de la Ley de Inmigración (INA 237(a)(2)(E)(i)) que castiga duramente los delitos de violencia doméstica (principalmente, sexuales) y si ése fuera su caso, pues... malo, malo, ¡pero no es! Lo suyo es mucho m enos grave, pues si no lo fuera ya se habría complicado su misma residencia con ese antecedente. Su misdemeanor (delito menor) fue mucho más sencillo y, por su antigüedad (más de 5 años), no pasa de ser más que una sombrita que no le va a impedir su naturalización.
Venga a verme para organizarle su caso y sus papeles, y muchas bendiciones para usted, para su american wife y para el bello baby próximo a tener..
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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