NICOLAS PEREZ: Alan Gross y la lágrima infinita

 

NICOLAS PEREZ

El pasado 3 de diciembre el contratista Alan Gross cumplió en Cuba tres años de cárcel bajo la acusación de entregar a la comunidad judía teléfonos satelitales para que tuvieran acceso libre a internet, un delito no punible en Rusia, China, Siria o Irán y donde solo se persigue creo en Corea del Norte, y estoy seguro, que en Cuba.

Recientemente, Rafael Correa, un animal que parece sacado del Bestiario de Amor de Richard de Fournival, al agradecer el premio Rodolfo Walsh a la libertad de información que le otorgó la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, el posible sucesor de Chávez frente al Socialismo del Siglo XXI dijo sentir que con este reconocimiento no está solo. Este show mediático es un chiste. Correa como en el poema La casada infiel de Federico García Lorca, su objetivo primario, es “montado en potra de nácar, sin bridas y sin estribos’’ violar brutalmente la prensa de su país.

Un premio a la libertad de expresión se lo merecía Gross, que trató ingenuamente en Cuba de romper el monopolio parcializado del periódico Granma sin saber lo que estaba haciendo.

Pero todo no está perdido, la lucha por la justicia en el mundo crece y una muestra de ello es la continua denuncia que hacen los diarios sobre la desconcertante encarcelación de Alan que es una inofensiva bijirita que el castrismo intenta convertir en águila.

Dios bendiga tiempos tan diferentes. No hubo un grupo más olvidado y sometido a la barbarie que el presidio político cubano con un silencio universal que dio grima. Donde hubo miles de hombres sometidos a muerte, golpizas, frío y hambre.

Y salvo voces como las de nuestros familiares, y las del periodista Huberto Medrano y una minoría exigua “Nadie escuchaba”, porque no les interesaba escuchar. Y cuando Bernardo Benes, un hombre excepcional y de una enorme calidad humana intentó poner punto final a este martirio, sectores del exilio y emisoras de radio histéricas lo acusaron de traidor. Ese no es mi exilio.

El mío es aquél que convirtió a Miami de un pueblo de provincias en la capital comercial de América Latina y que recibe con una capacidad de perdón sin límites a castristas que quizás hasta ayer participaron en actos de repudio. Un exilio que perdona, pero claro, no olvida.

Y la saga de Alan Gross prosigue, recientemente se especula después de unas declaraciones de Josefina Vidal, la directora del Departamento de los Estados Unidos de la Cancillería Cubana que La Habana busca una negociación sobre éste asunto.

Sufro la prisión de Alan Gross porque entiendo la impotencia de a quien lo tritura la rueda de la historia y no entiende por qué lo tritura. Pero a quien le tocó, le tocó.

Es difícil que cualquier tipo de negociación pueda liberar a Alan Gross próximamente por tres razones:

Primera, el gobierno de La Habana nunca les interesaron soluciones y están decididos a irse al infierno sin hacer la paz con Washington, y por eso montaron el showcito de ofrecer intercambiar a quien regaló tres teléfonos celulares, algo que algunos delirantes califican de una “violación de la soberanía nacional de Cuba”, por cuatro espías confesos, que intentaron penetrar en secretos de bases militares norteamericanas y estuvieron envueltos en el asesinato de cuatro miembros de Hermanos al Recate, una equiparación que no se traga ni el más pinto de la paloma.

Segunda, la solución no hubiera sido posible a corto plazo ni con el supuesto “pragmatismo” de Raúl, porque cuando Fidel desaparezca él será su viuda ideológica y no hubiera tendido puentes.

Tercera: Si mañana EEUU decidiese soltar al contratista judío a la semana encarcelará a un en supuesto contratista sueco o finlandés, para que prosiga el brete.

Sin embargo, la enfermedad terminal de 115,000 barriles de petróleo diarios a Cuba y su próxima ausencia el 10 de enero en Caracas puede cambiar dramáticamente el escenario. El castrismo sin el oro negro venezolano puede enfrentar una rebelión popular de proporciones incalculables. Por lo que Cuba, racionalmente pensando, tiene que negociar con Washington, le guste el chocolate o el coquito prieto.

Pero un hermano de mi pueblo, apolítico, me dijo el pasado lunes: “Todo esto es una farsa. A Cuba la sostuvo primero la Unión Soviética, luego China, inmediatamente Caracas con la bendición de Washington. Si Venezuela se va los Estados Unidos le levantan el embargo o buscan una nueva prostituta que mantenga al proxeneta ideológico caribeño castrista. No entiendo la razón, no sabría explicarla, pero la presiento”.

Mi hermano es muy pesimista pero me encantan las explicaciones absurdas sobre Cuba porque donde se imbrican las situaciones más ilógicas en el contrapunteo Washington La Habana y cualquier opinión supuestamente absurda, es válida.

Yo, honestamente, no sé qué pensar.

Nicop32000@yahoo.com

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