La Habana- -- Cuba despide el año pendiente del presidente venezolano, Hugo Chávez, y expectante ante sus nuevas leyes migratoria y tributaria, tras un 2012 en el que fue noticia la visita de Benedicto XVI, la muerte del opositor Oswaldo Payá, el huracán Sandy o los diálogos de paz colombianos.
La cuarta operación de Chávez contra el cáncer que se le detectó en la isla hace año y medio ha marcado la recta final del año en una Cuba preocupada por el gobernante venezolano, quien por primera vez durante toda su enfermedad ha planteado públicamente el riesgo de su inhabilitación y muerte.
Antes de esta nueva operación, el líder venezolano pasó por el quirófano en la isla dos veces en 2011 y una tercera en febrero de este año, en el que volvió a Cuba en varias ocasiones para recibir radioterapia.
A la espera de la evolución de Chávez -el principal socio de la isla y cuyo petróleo es vital para el país- muchos cubanos tienen su mirada puesta en el 14 de enero, fecha de entrada en vigor de la ley de flexibilización migratoria.
Tras décadas de normas draconianas y de restrictivos trámites para viajar, se eliminará el permiso de salida, de modo que los cubanos solo necesitarán el pasaporte en regla y el visado correspondiente para salir al exterior.
No obstante, las autoridades pueden denegar la concesión de un pasaporte por razones de “interés público” o de “defensa y seguridad nacional” y también seguirán limitando las salidas de profesionales “vitales” para la isla a fin de evitar el “robo de cerebros”.
Aunque muchos sueñan con viajar -si el bolsillo lo permite y consiguen el visado del país correspondiente-, también hay preocupación en Cuba ante el año que entra por una nueva ley tributaria que impone nuevos y altos impuestos.
En un país donde la cultura tributaria ha sido prácticamente nula durante cinco décadas, esta ley regula la fiscalidad de forma integral, como parte de las reformas económicas que impulsa el gobernante Raúl Castro para “actualizar” el modelo socialista.
En el año que acaba fue noticia la visita de Benedicto XVI, el segundo pontífice que ha estado en la isla comunista tras el histórico viaje de Juan Pablo II en 1998.
Entre el 26 y el 28 de marzo, el papa ofreció dos misas multitudinarias en Santiago y La Habana, se reunió con Raúl Castro y también conversó con el líder de la Revolución, su hermano Fidel, retirado del poder desde 2006 por una enfermedad.
Los principales mensajes de Benedicto XVI fueron la defensa de las libertades y la reconciliación entre cubanos, la idea de que tanto Cuba como el mundo necesitan cambios y sus llamamientos a desterrar “posiciones inamovibles”.
Durante la visita del pontífice, que no se reunió con opositores, la disidencia interna denunció “centenares” de detenciones y represión.
Y precisamente la disidencia cubana perdió este año a uno de sus más destacados referentes: el opositor Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) que murió a los 60 años el 22 de junio en un accidente de tráfico en el que también falleció el cubano Harold Cepero, miembro de su formación.




























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