América Latina

Planes de aseo y de desarme ponen al alcalde de Bogotá en el punto de mira

 

EFE

Un nuevo y polémico esquema de recolección de basuras y un plan de desarme que disminuyó la tasa de homicidios “espectacularmente” pusieron en el centro de mira la gestión del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien hizo un balance de su primer año de administración.

El burgomaestre y exguerrillero del desmovilizado Movimiento 19 de Abril (M-19) cerró el año al frente de lo que fue considerado como una crisis sanitaria, con las calles de la capital repletas de bolsas de basura como consecuencia de un complicado relevo de un modelo privado de recogida de residuos a uno público.

Petro explicó que la transición de ambos esquemas, que estaba prevista para el martes 18 de diciembre, se complicó por la creciente generación de basuras en esta época prenavideña, cuando las habituales 7,000 toneladas de residuos crecieron hasta 9.000.

Además, el segundo cargo público más importante de Colombia por detrás del presidente, reconoció la incapacidad del nuevo operador público de recoger a tiempo todas las bolsas.

“Hubo personas que se dedicaron al interior de la Administración a aletargar que el operador público tuviera flota en el momento indicado (…) y esa actividad fue la que determinó que no pudiéramos tener la suficiente capacidad para soportar el momento crítico nosotros solos”, argumentó.

Superada esta fase, que calificó de “napolización”, y “ya estabilizada la situación”, la Alcaldía planea a partir de enero del 2013 “volver realidad el programa de basuras”, según Petro.

El plan “Basura cero” busca hacer público en su totalidad el servicio de recogida de basuras, y con el dinero público resultante del ahorro de pagar a los grupos privados, se costearán las toneladas de basura que recolecten para su reutilización los llamados “recicladores” de los sectores populares.

Además, los bogotanos ayudarán a los “recicladores” en esta labor separando los residuos en sus casas en bolsas diferentes, para lo que es necesario crear “una pedagogía”, que a la larga dejará de saturar los vertederos.

Según Petro, esto hará de Bogotá una ciudad “más humana” cercana a la meta de luchar contra los efectos del cambio climático en la capital colombiana, ubicada a más de 2,600 metros sobre el nivel del mar, entre montañas y sobre humedales.

Por el momento, según el alcalde, la prohibición del porte ilegal de armas en su primer año de gestión ha contribuido a convertir a Bogotá en “la ciudad más pacífica” de Colombia, después de que en 1993 tuviese un promedio de 73 homicidios por cada 100,000 habitantes.

“El efecto ha sido que la tasa de homicidios de la ciudad de Bogotá cayó espectacularmente” de 22 muertes violentas por cada 100,000 habitantes a 16, resaltó Petro antes de reconocer que sus políticas “se irradian” en el resto del país.

Incluso en el mes de diciembre, que es uno de los más violentos por el ambiente festivo y el consumo de alcohol, “tenemos (en Bogotá) una caída del 58 por cienbto de la tasa de homicidios, lo que ha llevado a que la tasa nacional baje”, dijo el alcalde.

La proyección para el próximo año es reducir esa tasa a un dígito, con la herramienta del desarme vinculada a otras estrategias de reducción de violencia desde la ayuda a los consumidores de drogas.

Los médicos de la Alcaldía de Bogotá atendieron este año a 7,000 drogodependientes en los autobuses dispuestos en barrios críticos de consumo de estupefacientes, y la idea de Petro es que estos centros móviles se conviertan en el futuro en algo parecido a las “narcosalas” de ciudades como Barcelona y Madrid.

Estas medidas y otras, como la prohibición de la celebración de corridas de toros en la plaza bogotana de Santamaría y sucesivos cambios en la regulación del tráfico, han cosechado numerosas críticas contra el alcalde Petro, que reconoce que su gestión ha dado pie a una polarización en la ciudad.

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