Magali Alabau (Cienfuegos, Cuba, 1945) comenzó su carrera artística en el teatro, estudiando y luego actuando, pero la vida la llevó por otros rumbos. Hoy es una poeta reconocida a quien la Editorial Betania, de España, recién acaba de publicar Volver, un poemario que recoge sus experiencias y reencuentro con Cuba, la isla que la vio nacer. Volver captura al lector desde sus primeras páginas porque su poesía nos abre los ojos a una realidad que ella percibe de forma dramática y casi como espectáculo teatral, compartiendo escenario con nosotros.
Fue invitada a leer su poesía en la pasada Feria Internacional del Libro de Miami y de paso aprovechó para dar una vuelta por la calle Ocho, ya que vive en Woodstock, en el estado de Nueva York.
¿Cómo fueron tu infancia y adolescencia? ¿Sentías que habías nacido con vocación artística?
Nací en Cienfuegos y desde pequeña viví con mis abuelos paternos. Al morir ellos –para entonces vivíamos en La Habana fui a vivir por primera vez con mi madre en Cienfuegos. No tuve vocación definida pero sí vivía en un mundo de fantasía con una vida interior muy activa.
¿Por qué abandonaste Cuba en 1966? ¿Hiciste teatro en Cuba? ¿Has escrito teatro?
A punto de terminar el tercer curso en la Escuela Nacional de Arte me expulsaron junto a un grupo de alumnos por sospechar que éramos homosexuales, tras un juicio a puertas cerradas. Nunca hubo pruebas, fuéramos o no homosexuales. La apariencia y un cierto comportamiento elitista, cierta arrogancia quizás, determinaron nuestro futuro. Después de la expulsión, Vicente Revueltas nos ofreció un espacio en Teatro Estudio para ensayar. Fundé con un grupo de los expulsados Teatro Joven y estrené una obra de Abelardo Estorino que me gustó, de un solo acto, Los Mangos de Caín. Al tercer día, un grupo de milicianos llegó antes de la función y nos informaron que por órdenes oficiales no podríamos continuar. Desde ese momento tomé la decisión de irme de Cuba de cualquier forma. Nunca he escrito teatro, sin embargo mi poesía tiene elementos teatrales.
¿Cómo ha sido tu vida en estas cuatro décadas de exiliada? ¿Cómo has sobrevivido?
Mi idea era llegar a los Estados Unidos y luego irme a Uruguay donde Ugo Ulive y mis otros profesores estaban, y hacer teatro en El Galpón. Pero en Miami me di cuenta de que eso no era posible. En Nueva York, además de conseguir trabajo en una fábrica, me conecté con un grupo de teatro dirigido por Antonia Rey y su esposo, Andrés Castro. Mi primer papel fue haciendo de Melibea en La Celestina, en el Greenwich News Theater. Con Gilberto Zaldívar y René Buch hice varias obras. Actué con diferentes grupos: Adal, INTAR, La Mama Experimental Theater y fundé con Manuel Martín el Teatro Dúo, donde dirigí, actué y produje junto con Manuel obras como La noche de los asesinos, de José Triana, entre otras. Abandoné el teatro en 1985. Para sobrevivir, hice de todo, manejadora, cocinera, mecanógrafa, electricista y más. Me retiré a los 62 años de ese tipo de trabajo.
¿Abandonaste el teatro por la poesía?



























Mi Yahoo