Artes y Letras

Entre el bronceado perfecto y el crimen perfecto

 
 

 
 

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Esa es la disyuntiva ante la que nos coloca Matías Montes Huidobro en su nueva novela Un bronceado hawaiano (Advana Vieja Editorial, Valencia, 2012). ¿Se trata de un thriller o una novela negra? Mucha confusión existe al respecto entre estos dos géneros, en parte, según algunos, “fomentada por los catálogos de las editoriales que unifican indistintamente un género con el otro”. Queda claro que son dos géneros independientes; también es evidente que la obra de Montes Huidobro encaja dentro de la novela negra actual.

La novela negra, del francés (noir) o hard-boiled es, como quedó definida por Raymond Chandler en su ensayo El simple arte de matar (1950), “la novela del mundo profesional del crimen”. Y debe su nombre a que originalmente fue publicada en la revista Black Mask de Estados Unidos y en la colección Série Noire de la editorial francesa Gallimard, pero también lo debe al carácter oscuro de los ambientes en que transcurre. Por supuesto, el género ha sufrido una natural evolución debida al tiempo transcurrido desde las primeras novelas negras cuando Raymond Chandler y Dashiell Hammett, creadores del género, publicaron sus primeras obras hasta la etapa actual.

Con alusiones a films noirs como La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943); Extraños en un tren (Strangers on a Train, 1951), cuyo guión original es de Raymond Chandler y Czenzi Ormode; La llamada fatal (Dial M for Murder, 1954); y Vertigo (1958), entre otros, Montes Huidobro rinde homenaje a todo el género.

Los protagonistas de la novela son una pareja de norteamericanos conformada por Bob, un pintor que padecía, según el criterio de su propia esposa, de “ceguera de color”; y por Doris, filóloga dedicada a la enseñanza universitaria en Honolulu. Con un refinado y sarcástico léxico define el autor el ambiente intelectual en que se mueven los protagonistas.

Para Doris “La desproporción entre lo que decía que decían” los cuadros de Bob y “lo que pintaba era tal que solo un ciego hubiera podido verlo”, aunque pensaba que quizás era solo cuestión de mala suerte, pues algunos “pintaban con los pies, literalmente, y otros tiraban latas de pintura sobre la tela” y “los críticos afirmaban que eran obras maestras”.

Por su parte, Doris es capaz de cualquier sacrificio por mantener la estabilidad económica hogareña, con el solo objetivo de que Bob pueda dedicarse por completo a la pintura, y alejarlo de toda preocupación. La pareja, trasladada desde Ithaca, en el estado de Nueva York, a Honolulu en Hawai, solo cuenta con el salario de Doris para mantener un nivel económico estable. Y es por eso que intenta lograr la inamovilidad universitaria a través de favores sexuales prestados a sus colegas.

Existen relaciones extramatrimoniales en ambos cónyuges, aunque en el caso de Bob se trata de una relación muy platónica con Janet, esposa de un colega de Doris, también artista plástica. El sexo, como en todo hard-boiled (el nombre se origina de la analogía entre la preparación de un huevo y la expresión inglesa hard-boiled egg que se refiere a un huevo cocido endurecido o “huevo duro”, comparándolo con el carácter duro y mórbido del género literario), presenta una gran cantidad de escenarios en los que intervienen contextos lascivos y eróticos que derivan, la mayoría de las veces, en sexo explícito. Los escenarios amorosos van desde la relación platónica entre Bob y Janet, hasta los apasionados y casi grotescos encuentros entre Doris y Jack Wayne, su colega de la cátedra de Español.

El suspenso se mantiene a lo largo de toda la novela, y llega al clímax en el último capítulo. Para mantener al lector en el verdadero suspenso, no voy a referirme ni siquiera al momento en que ocurre el crimen. No obstante, quiero hacer alusión a la persona en cuyas manos se encuentra la solución del delito, “el chino Chan, aquel detective que no tenía nada que hacer” y que “desplegaba ante sí las cartas de la baraja tratando de desentrañar un crimen que no se había cometido”.

Un amplio conocimiento de las técnicas de la novela negra le proporciona a Montes Huidobro ayuda inestimable para resolver los pasos esenciales que conducen a una verdadera tensión: la construcción del argumento y los personajes, el mantenimiento del suspenso y, finalmente, la resolución del misterio “entre el bronceado perfecto y el crimen perfecto”. Algo que no sería justo develar aquí para incitar al lector a disfrutar de la lectura de Un bronceado hawaiano. • 

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