Cientos de familias esperaron el domingo 16 de diciembre por la mañana fuera de la Iglesia Católica de San Juan Bosco en la Pequeña Habana con sonrisas en sus caras y una carta en sus manos. La carta, firmada por el párroco de la iglesia, el padre Juan Carlos Paguaga, fue su entrada para el salón donde esperaban sus regalos para la cena de Nochebuena.
Mientras entraban y entregaban sus cartas, recibían una bolsa, caminaban después a lo largo de la súper tienda improvisada y eran recibidos por varias familias que se unieron para patrocinar cada mesa.
Primero, escogieron lo esencial: arroz, frijoles, leche, frutas, sopa, boniatos, refrescos, galletas, pasta, jabón, servilletas, platos y una tarjeta de regalo de Sedano. Entonces, los niños de familias de menos recursos fueron a una tienda y escogieron juguetes.
Esto es una gran bendición, dijo Paguaga. La generosidad y el amor de estas familias que vinieron aquí es la respuesta concreta a tantas familias que no tienen los recursos para cuidarse a sí mismas.
Desde 1995, la distribución de alimentos de Noche Buena en San Juan Bosco ha sido una tradición de Navidad. Lourdes Castillo de la Peña, organizadora del evento, ha unido a muchos miembros de su familia y a amigos para hacer de este evento de caridad un esfuerzo comunitario que trae alegría durante la temporada de festividades.
Cuando comenzó el proyecto, ella no tenía hijos. Ahora, tiene cuatro que han crecido sabiendo que cada año la distribución de alimentos de Noche Buena es un evento obligatorio. La familia asiste a la misa de las 8 a.m. y luego pasa el resto del día entregando alimentos a los que la iglesia ha seleccionado para recibir los obsequios.
Si tienes una familia y niños, esto debe ser parte de tu tradición de Navidades, como ir a ver Cascanueces, tirarte una foto con Santa y tener una Nochebuena, dijo Castillo de la Peña. Esto realmente une el concepto de las festividades, que es la acción de dar. Dar tu tiempo, dar tu dinero, dar cualquier cosa que estés haciendo y darte a ti mismo.
Durante los años, el proyecto anual ha florecido. Comenzó con casi 250 familias y ahora sirve a 450 que de otra manera no tendrían comida en su mesa. Cada familia que participa en el proceso de donación tiene que comprar la mercancía, traerla a la iglesia, decorar una mesa y participar en el evento.
La mayoría de los participantes son amigos y miembros de la familia Castillo de la Peña, que han sido durante varios años voluntarios activos en la distribución de alimentos.
Durante siete años, Barbara Latham y su familia han estado a cargo de la papelería para el evento. Cada año su esposo se une a ella, junto al abuelo y los hijos de ella.
Quiero que nuestros hijos aprendan que son privilegiados, dijo Latham. En estos tiempos difíciles todo lo que queremos es ser capaces de tener el tiempo para ayudar a esos que necesitan ayuda.
Para la mayoría de las familias que participan, el mensaje de este evento anual es claro: ellas quieren que sus hijos tengan una experiencia directa y aprendan lo que significa ayudar a los que son menos afortunados.
Tracy Pérez ha estado involucrado en el evento durante cinco años y dice que sus hijos lo esperan con gusto todos los años.






























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