Sur de la Florida

Mentiras en un consulado de EEUU son veneno puro

 

Especial para El Nuevo Herald

Tengo un amigo que pidió a tres muchachos en Santo Domingo, República Dominicana. Dos de ellos son sus hijos y el otro no.

Citaron al primero y le otorgaron la visa de inmigrante que al venir a EEUU lo hizo residente. Unos meses después, citaron a los otros dos. El cónsul le preguntó al hijo verdadero si los dos eran hermanos y el muchacho respondió que sí. Pero el consulado ya sabía que no eran hermanos y les cerró el caso porque él joven mintió. De eso ya hace más de 5 años.

¿Existe alguna posibilidad de que le abran el caso, ya que quien cometió el error fue el padre al poner un hijo en la aplicación sin ser su hijo verdadero? El padre del muchacho está muy enfermo en un hospital y está solo, sin nadie que lo cuide. Por favor, dígame si podemos abrir el caso para ir yo a visitarlo.

(Anónimo a solicitud)

Pembroke Pines, Florida

Como le dije hace ya un par de años atrás a otro lector de esta columna cuando leí su carta, pensé por un momento que “usted no era de esta Tierra en la cual el resto de los mortales aguantamos y sufrimos, sino que procede del primer planeta vecino, ¡Marte!, el tenebroso y rojizo símbolo de la guerra y la pelea”. Al menos así lo afirmaba el título de un libro, entonces muy en boga – “Las mujeres son de Venus... y los hombres son de Marte”. Como en tantas cosa, el simpático gracejo cubano que brilla en Miami pronto lo enmendó: “... ¡y los hombres son... ¡de madre!”.

Igual que en el caso de aquel lector, sea usted de Marte, de Venus, ó de Saturno, si quiere, lo cierto es que aquella carta me produjo –y hoy día la suya me produce lo mismo-- una mezcla de pesar y simpatía, agregando la suya mi desconcierto. Lea usted no más cómo comienza y cómo termina su carta, “Tengo un amigo...” (así inicia su cuento), pero al final usted escribe, “abrir el caso... para ir yo a visitarlo” (al padre enfermo, se entiende).

Su carta exhibe un problema que, en mi experiencia, es común y típico de casi todos los países de la cuenca caribeña: una cosa es la realidad, y otra es el acomodamiento que la gente de esos lugares hace de ella, sin ningún maligno propósito falsario, sino con el fin de alcanzar sus fines, según las circunstancias de cada caso. Especialmente, en lo que se trata de relaciones familiares, el “hijo” de hoy es el “sobrino” de mañana, ó la amiga del frente de la casa se convierte en la “tía” ó la “abuela” ... ó lo que convenga. Todo esto, sobre todo y especialmente, cuando se trata de gestionar beneficios inmigratorios, hereditarios, ó legales de autoridades extranjeras, como de “los gringos”...

Todo esto se sabe (aunque de eso no se habla) entre dominicanos, jamaiquinos, granadinos, y demás isleños, y hasta (en algunos casos, aunque menos), entre cubanos, la más importante isla del Caribe. Igual lo sé yo, que en más de 30 años de estar “haciendo inmigración” en Miami, he aprendido bastante de la vida y milagros de la cuenca caribeña...

Lo malo es que también las autoridades inmigratorias de EEUU han aprendido esta incómoda lección (!!!) De ahí que los funcionarios consulares de este país, miran y escuchan con desconfianza a los caribeños, sabiendo que una madre dominicana, por ejemplo, cuando pide visas para sus (??!) cinco hijos, uno de ellos (¡ó más!) bien puede ser el retoño de doña Altagracia, la vecina, comadre, y venerable amiga desde su infancia...

Ahí es donde aparece el abismo cultural entre los anglosajones “gringos” y nuestros hermanos latinoamericanos, especialmente los del Caribe. El cónsul “americano” en Santo Domingo, en Kingston, ó en cualquier otra localidad del área, cuando recibe las solicitudes de visa de los nombrados, comienza por preguntarse, “¿qué me están diciendo de verdad, y qué de mentira?” ¡ esos son los meses que el consulado demoró en terminar de atender su caso! Lo peor de todo este tema que las mentiras, una vez detectadas, causan daños permanentes (!)

No se haga muchas ilusiones. Si lo desea, tráigame su caso, pero no albergue muchas esperanzas...

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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