El fuerte frío de la semana pasada y la anticipación de Navidad me recordaron una historia personal interesante que compartí con mis hijos sobre (increíble pero cierto) el día que nevó en Miami. Las generaciones más viejas pueden discutir si nevó o no aquí, pero los que tenemos treinta o cuarenta años y vivimos aquí desde los años setenta nunca negaremos la experiencia del 19 de enero de 1977, al despertar aquella congelada mañana y mirar por la ventana vimos nieve. Entonces tenía yo seis años y no podía ni remotamente captar el cinismo con que los adultos reaccionaron ante este milagroso evento. Recuerdo cómo rieron y se burlaron mientras que los pequeños copos se derretían rápidamente en sus manos. Claro, no fue ni lo que esperábamos ni lo que imaginábamos, pero era nieve, y mis amigos y yo no íbamos a dejar que detalles sin importancia nos echaran a perder nuestra diversión. Para empezar, habían cancelado las clases ese día y por lo menos por eso estábamos agradecidos. Hicimos los trineos improvisados con cajas de cartón y nos empujábamos de arriba a abajo por la acera. Recuerdo haber cogido suficiente nieve para hacer casi una buena bola de nieve. Incluso nos banqueteamos con las zanahorias que habíamos comprado para poner en las caras de todos los muñecos de nieve que habíamos planeado hacer si hubiese habido suficiente nieve. Mirando bien el hecho, me doy cuenta que logramos lo mejor posible de un suceso que no había tenido el éxito que esperábamos porque decidimos concentrarnos en los aspectos positivos del día en vez de los negativos. Esta opción, me doy cuenta ahora, estuvo basada en la creencia – aunque fuera una creencia inocente entonces – de que iba a nevar. Por lo tanto, nevó.
Mirando al año que acaba de pasar y esperando las fiestas y un nuevo y próspero año por venir, pienso que nadie va a negar que el año 2012 fue muy diferente de lo que suponíamos. El hecho es que para muchos fue un año muy difícil ya que esperábamos estar ya camino a una recuperación económica. Con todo y esto, y a pesar de altas y bajas, me acuerdo de que tenemos la opción de concentrarnos en los aspectos positivos del año en vez de los negativos y que esa opción también está basada en la creencia, que las fiestas renuevan en nosotros, de que la vida tiene sentido bajo todas las condiciones, aunque estas no sean lo que teníamos en mente. Pienso que esta es una de las razones que gozamos de los días de fiesta tanto como lo hacemos. Apreciamos ciertamente la oportunidad de reunirnos con los amigos y la familia y de gozar de las festividades. Disfrutamos del tiempo que tomamos para descansar y relajarnos a medida que el año termina. Pero la Navidad también nos recuerda de la importancia de la fe y de la esperanza en nuestras vidas y la necesidad de creer en algo mayor que nosotros mismos. La Navidad nos recuerda que todavía hay bondad en el mundo a pesar de las tragedias y las dificultades. Aunque fuera solamente por esto vale la pena luchar y esforzarse. Son exactamente esa fe y esperanza, renovadas por la Navidad, que nos dan la potestad para cambiar las experiencias negativas de la vida en algo positivo. Esa es la opción que tenemos en esta época, creer o no creer. La fe no es siempre fácil o popular. Hay injusticia por todo el mundo, violencia, guerra y abuso. Aquí mismo donde vivimos, tenemos una sociedad escéptica donde llega a ser cada vez más difícil creer en cualquier cosa que no podemos ver con nuestros propios ojos o palpar con nuestras propias manos. Pero, aunque escépticos, estamos hartos, comprensiblemente, de los escándalos y violaciones de la ética, de los políticos y los líderes de negocio, de la recesión y del desempleo. No, las cosas no resultaron definitivamente de la manera que esperábamos o que nos imaginábamos. Pero tenemos una opción. Podemos elegir en nuestro cinismo reírnos y burlarnos mientas los delicados y frágiles copos se derriten al tocar nuestra piel o podemos elegir creer, lograr lo mejor de la situación, y convertir los aspectos negativos de la vida en aspectos positivos.
Es mi esperanza que todos pensemos un rato durante estas fiestas cómo encontrar esas cosas positivas en las que creemos. No importa lo que pueden decir los críticos, o lo que pueden revelar las estadísticas, o lo que pueden predecir los profetas, si tenemos fe y creemos, eso es lo que importa. Oficialmente, el día en que nevó en Miami no está en los registros del tiempo. Según Ray Biedinger, el meteorólogo que predijo el pronóstico inverosímil, “era una cantidad inmensurable que cayó, así que ha anotado como “una gota de nieve.” Pero sabemos qué realmente sucedió ese día. Nevó. Y quién sabe, Miami, si sucedió una vez él podría suceder nuevamente. Es solo una cuestión de fe. ¡Felicidades a todos!
Manny García-Tuñón es el presidente de Lemartec, una firma internacional de diseño y construcción radicada en Miami, Florida.

























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