Cuando Ronald Poppo era un niño durante los años 50 y 60, unas Navidades familiares en Brooklyn significaban hacer modelos de trenes que daban la vuelta al árbol, cenas italianas con lasaña y calamares rellenos, y, debido a que el 25 de diciembre era también el cumpleaños de su padre, además había pastel casatta relleno de ricotta.
Siempre oían música, porque los Poppos tenían talento musical. Ronnie (como lo llamaban su hermana y dos hermanos, mayores que él) de niño tocaba el violín y de adolescente, la guitarra.
También tenían la presencia de una iglesia, en Noche Buena y Navidad, pues su madre era una devota bautista.
Una tía compraba los regalos de Navidad, recordó la hermana de Ronald, Antoinette Poppo, quien aún vive en Nueva York.
Éramos pobres, pero no teníamos conocimiento de que lo éramos, dijo ella.
Es difícil definir cuándo Ronald Poppo disfrutó por última vez los recuerdos de Navidad de su infancia, cuándo fue que tuvo la última Navidad alegre o quizás a gusto.
Después de desaparecer de la familia a comienzos de la década de 1970, llegó a las calles de Miami, convertido en un vagabundo ebrio que se alejaba de lo establecido.
Su última casa conocida fue la escalera de concreto del estacionamiento de un centro turístico.
Volvió a aparecer en la palestra pública el 26 de mayo del 2012, como víctima de uno de los crímenes más sensacionales del Sur de la Florida. Ese día, un joven enloquecido y desnudo, Rudy Eugene, de 31 años, atacó a Poppo, de 65, en el Puente MacArthur, quitándole las ropas y después mordiéndole la cara, dejándolo cercenado y ciego.
La policía le disparó y mató a Eugene a unos 18 minutos de comenzar el ataque.
A partir de la difusión de las noticias del suceso, los conmocionados hermanos de Poppo se enteraron de que estaba vivo, y las personas de su pasado comenzaron a emerger con pedazos de información sobre su vida antes de que desapareciera en las calles.
Luego de un tratamiento médico intensivo en el Hospital Jackson Memorial, Poppo fue trasladado al Centro Médico Jackson Memorial Perdue, un asilo/centro de rehabilitación de 11 acres de extensión y 163 camas en South Dade, con pasillos donde de exhiben decoraciones en estos días de fiestas.
El se ha negado a todas las solicitudes de entrevistas desde el incidente, y aparte de permitir a los médicos celebrar conferencias de prensa en junio, no ha autorizado a que los médicos que lo tratan hablen de su situación de salud.
Los directivos del Jackson guardan estrechamente su privacidad.
Las fotos que aparecieron en la conferencia de prensa de junio mostraban la cara de Poppo como una masa de coágulos y carne viva, con las cuencas de los ojos escondidas detrás de pedazos de piel, su nariz desaparecida, sus mejillas y frente parcialmente también. Los médicos tuvieron que sacarle un globo ocular desfigurado, pero en ese momento esperaban salvarle el otro con esto, al menos algo de visión.
Tampoco pudieron hacerlo.
Su hermana dice que cuando hablaron, su hermano Ronnie no mencionó el ataque, el pasado, o cómo pasaba su tiempo. Pero sí dijo recientemente que le gustaba su alojamiento y las personas que lo cuidaban.






























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