Sur de la Florida

Su único problema

 

Especial para El Nuevo Herald

Soy dominicano nacionalizado americano y no he trabajado en este país, pues cuando ingresé como residente en el año 2001 por solicitud de mi madre me fue detectado un cáncer del colon por el cual he sido operado en el Hospital Jackson de Miami. Desde entonces he recibido tratamientos en dicho centro a través de Medicaid.

Me he casado dos veces y tengo cuatro hijos, De estos, tres son hijos de mi primer matrimonio y son ciudadanos americanos; pero del segundo matrimonio tengo una hija, soltera, mayor de edad, a la cual quiero traer a EEUU.

¿Puedo hacer una petición para mi hija sin haber trabajado en este país y a pesar de haber recibido beneficios, como atención médica y sellos de alimentos? ¿Cuáles serían los pasos a dar? Mi hermana, que también es ciudadana y ha trabajado en este país por muchos años, así como mis otras dos hijas, ¿podrían servirme de garantes con su AFFIDÁVIT?

(Nombre omitido a solicitud), Miami

Primero.... ¡el regaño! Ahí va. Cuando uno se mira al espejo ve reflejada su imagen, pero al revés: la raya del cabello, por ejemplo, que en mi caso la llevo a la izquierda, el espejo me la muestra a la DERECHA. Son las leyes de la óptica, las mismas que hacen casi imposible leer un libro reflejado en un espejo, ya que las letras se ven de derecha a izquierda y no de izquierda a derecha como las hemos aprendido a conocer desde la infancia...

Algo similar le ocurre a muchos extranjeros que se han hecho ciudadanos de EEUU: siguen identificándose como usted lo hace: “Soy dominicano nacionalizado americano”¡No! A efectos de su nacimiento, sus recuerdos, su familia, sus costumbres y (¡estoy seguro!) su plato cotidiano de “arroz con habichuelas”, así es como usted se ve --y todo eso está muy bien-- pero a efectos de su RELACIÓN con este gran país en que vivimos, usted --igual que yo, y millones de otros-- PRIMERO (!) es ciudadano de EEUU.

En gran resumen, usted es un “ciudadano de EEUU, nacido en la (¡bella!) República Dominicana”, y no al revés. ¡¿Estamos?!

Esa REALIDAD es lo que le da a usted derechos máximos en EEUU. Si usted fuera dominicano, y nada más, no tendría modo alguno de traer a su hija a este gran país, y aún siendo simplemente dominicano RESIDENTE, la cola de esa petición sería de muuuuchos años. Pero debido a que usted es CIUDADANO DE EEUU (lo cual, al identificarse, nombró en segundo lugar) su petición por su hija adulta, aunque es de efecto instantáneo, fundamenta también el derecho de ELLA de reunirse con usted, como futura residente en EEUU: éste, nuestro gran país.

En fin, ¡necedades mías!, que soy PICKY (vale decir, sensible) en estos asuntos... y que si me tocara ir a la guerra en defensa de mi país sería, clara e indubitablemente, por EEUU de donde soy ciudadano, y NO por el país extranjero en que nací. (Aunque en eso de ir a la guerra, estoy EXENTO, ¡porque tengo. al menos, ¡60 años más de edad de mi posible reclutamiento...!)

Bueno, ahora sí vamos al grano. Usted NO TIENE problema alguno para pedir a su hija. A su hija soltera y mayor de edad, le corresponde la “1ra. Preferencia”, la cual le implica unos cuantos años de cola, así que si la pide ahora, ella –-y usted-- deberán saber y hacerse a la idea de que no es probable que llegue a EEUU... como quien dice, pasado mañana... El indispensable AFFIDAVIT OF SUPPORT (garantía de sostenimiento) deberá presentarlo la hermana (el suyo TAMBIEN es obligatorio pero INSUFICIENTE) pero todo eso no se exige al comienzo sino CUANDO LE LLEGUE A ELLA SU TURNO de inmigrar.

De ahí que aplica un principio brillantemente forjado por George Bernard Shaw, el genial humorista irlandés: “La paciencia debe ser la virtud más apreciada por los dioses, porque sólo así se explica que hayan tantas personas cuya única función parece ser la de poner a prueba la paciencia de los demás...”

¡Paciencia!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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