Washington busca una fórmula que extienda las reducciones fiscales

 

The New York Times

Líderes del Senado y sus asistentes comenzaron a buscar el sábado una fórmula para prorrogar las reducciones fiscales para la mayoría de los estadounidenses que pueda ganar apoyo bipartidista en el Senado y pueda aprobarse en la dividida Cámara de Representantes antes de fin de año, con la esperanza de evitar grandes aumentos de impuestos y reducciones de presupuesto que pudieran amenazan la frágil economía del país.

Como parte de las negociaciones de última hora, los legisladores debatían sobre las prestaciones por desempleo, reducciones en los pagos del Medicare a los médicos, gravar las grandes herencias y cómo limitar las consecuencias del impuesto mínimo alternativo, un sistema fiscal paralelo que tiene por fin asegurar que los ricos paguen la parte justa que les corresponde pero que cada vez más afecta a la clase media.

El presidente Barack Obama fijo que si las negociaciones entre los líderes del Senado fracasan, entonces quiere que el la Cámara Alta apruebe o rechace sin debate una medida de menos alcance que sólo prorroga las reducciones fiscales a la clase media y los beneficios por desempleo.

Si el Congreso no puede tomar una decisión antes del nuevo año, entrarán en vigor una serie de aumentos automáticos de impuestos y un programa de drásticas reducciones de presupuesto que según los economistas pudiera llevar al país de regreso a la recesión.

El Presidente y los legisladores afirman que esas reducciones de gastos y aumentos de impuestos son incentivos mayores que los obligarían a enfrentar la deuda cada vez mayor del país. Pero los legisladores están haciendo todo lo posible por evitar que eso suceda.

“No podemos darnos el lujo de una lesión política a la economía”, expresó Obama el sábado en su alocución radial semanal. “El mercado de la vivienda está sanando, pero pudiera dar marcha atrás si la gente gana menos dinero. La tasa de desempleo es la menor desde el 2008, pero las familias y los negocios están comenzando a halar las riendas debido a la disfunción que ve en Washington”.

El temor de otra dolorosa desaceleración económica parece haber impulsado las negociaciones en el Congreso cuando sólo quedan 48 horas antes de que llegue el llamado abismo fiscal. Semanas de críticas entre el senador Harry Reid, de Nevada y líder demócrata, y el senador Mitch McConnell, de Kentucky y líder republicano, se apaciguaron el viernes por la noche con promesas de cooperación y optimismo de ambas partes.

Sin embargo, el sábado esa postura se puso a prueba cuando 98 senadores esperaban que sus líderes les informaran si habían logrado formular una propuesta que los dos partidos puedan aprobar. La primera votación en el Senado, si resulta necesaria, está programada para el domingo por la tarde.

“Es como jugar a la ruleta rusa con la economía”, dijo el senador Mark Warner, demócrata por Virginia. “Las consecuencias pudieran ser enormes”.

La mayoría de los legisladores no estuvieron presentes el sábado en el Congreso, después de dos días de votación en el Senado sobre otros asuntos y un día antes de que ambas cámaras tuvieran planeado volver al trabajo. Los representantes tenían programado regresar de sus distritos. Sin embargo, altos asistentes estaban trabajando en las propuestas en sus oficinas o residencias.

John Boehner, presidente de la Cámara, hizo una breve escala en el Capitolio el sábado por la tarde. McConnell también estuvo en el Congreso.

Asistentes de Reid esperaban recibir ofertas del personal de McConnell pero el sábado hasta el mediodía no había señales de progreso. Incuso si las conversaciones derivan en algo positivo, dijeron los asistentes legislativos, no se espera ningún anuncio antes que los líderes informen a los miembros el domingo.

El principal obstáculo entre los legisladores y el Presidente es cómo fijar la tasa impositiva para la próxima década. Obama y algunos demócratas han dicho que desean aumentar los impuestos sobre los ingresos mayores de $250,000 al año, mientras que los republicanos desean un límite mayor, quizás $400,000.

Inmediatamente —sin importar si el Congreso y Obama llegan a un acuerdo— los impuestos de todos los estadounidenses que trabajan aumentarán porque ninguno de los dos partidos batalla por prorrogar la reducción al impuesto a la nómina que está en vigor desde hace dos años.

Pero no llegar a un acuerdo más amplio sobre los impuestos y el gasto pudiera hacer aumentar los impuestos aún más, que regresarán al nivel de la era de Clinton. Los cheques de nómina en enero serían menores porque las empresas comenzarían a retener más impuestos.

Muchas familias también saldrían perdiendo si el Congreso no prorroga los beneficios por desempleo, lo que significa que 2.1 millones de personas dejarían de recibir pagos por no tener empleo.

“Esto va a afectar a la gente que no tiene mucha capacidad para aguantar el golpe”, dijo Christine L. Owens, de la organización National Employment Law Project. “Muchas de las familias van a quedar en una situación muy mala, sin poder pagar el alquiler o la hipoteca, o las cuentas”.

A corto plazo, se espera que tales cambios afecten la confianza y el gasto del consumidor, con consecuencias potencialmente serias para una economía que todavía batalla por recuperarse.

“Cada día que pasa es una autoflagelación innecesaria”, dijo Stuart G. Hoffman, economista jefe de PNC Financial Services Group, quien calculó que el aumento de impuestos y la pérdida de beneficios por desempleo reduciría en $9,000 millones semanales la cantidad de dinero que la población se lleva a casa.

Y las consecuencias seguirían empeorando si la falta de acción se mantiene.

A mediados de enero algunos pacientes del Medicare también pudieran tener problemas para encontrar médicos que los atiendan. Si los legisladores no toman medidas, los médicos enfrentarán dos reducciones a la tasa de pagos: una de 26.5 por ciento que data de una ley de 1997, y un 2 por ciento adicional aprobado el año pasado para reducir el déficit.

“Me parece que me tienen de rehén”, dijo Lee R. Rovik, un beneficiario de 70 años de Camdenton, Missouri. En la consulta de su médico hay un aviso a la vista que advierte que si el Congreso no soluciona la situación de los pagos del Medicare pudiera tener que cerrar.

“A los políticos no les interesa nada lo que me suceda a mí y a mi médico”, dijo Rovik. “Si la clínica cierra, lo que es completamente posible, ¿qué pasará con nosotros?”

Para finales de febrero o principios de marzo, los legisladores enfrentarían otra batalla económica sobre el límite de endeudamiento del país para evitar una crisis en la gestión de efectivo y el cierre de las operaciones del gobierno. Los republicanos ya han expresado que planean usar la autoridad congresual para aumentar el llamado techo de la deuda para imponer reducciones a los programas sociales, una amenaza que Obama ha dicho que resistirá.

También a principios de la primavera, el gobierno y sus empleados comenzarían a sentir los efectos serios de las reducciones en los programas de defensa y gasto nacional.

Sin un acuerdo, el Pentágono y sus contratistas civiles enfrentarían fuertes reducciones en virtualmente todos los programas. Autoridades militares dijeron que esas reducciones de gastos —$500,000 millones en 10 años— a final de cuentas obligarían a cancelar o reducir proyectos y provocarían despidos masivos de personal militar y civil.

Cientos de otros programas federales también serían afectados por las reducciones, a partir de finales de enero y hasta finales de año. Esto incluye reducciones de aproximadamente 8 por ciento en el Programa de Nutrición Especial Suplementaria para Mujeres, Infantes y Niños, el Programa de Asistencia Energética para Familias de Bajos Ingresos y la asistencia para el alquiler de viviendas.

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