Se jubilan los últimos cubanos de la Base de Guantánamo

 

La Base encara ahora el problema de cómo pagarles las pensiones a los que viven en territorio cubano

crosenberg@miamiherald.com

En la base naval estadounidense de Guantánamo el Pentágono celebró este mes el retiro de dos antiguos trabajadores con pompas típicamente militares. Los escolares hicieron una danza folclórica. Hubo discursos, un pastel y una presentación de certificados por parte del comandante de la base para los futuros pensionados – todo capturado y celebrado en Facebook.

Pero esta no fue la fiesta típica de retiro de la Marina de EEUU. Harry Henry, de 82 años; y Luis La Rosa, de 79, son las últimas dos personas que hacen el viaje diario desde sus casas en territorio de Cuba hacia el territorio de la Base controlado por EEUU. Ellos comenzaron a trabajar en Guantánamo cuando eran adolescentes y, como empleados por largos años del gobierno federal, tienen derecho a recibir pensiones del Departamento de Defensa.

Pero su retiro deja a la Marina sin forma de pagar las pensiones que ellos y otros trabajadores cubanos se han ganado, debido al embargo comercial estadounidense de cinco décadas a Cuba.

“Justo en este momento no hay un plan establecido para pagar estas pensiones, debido a las complicaciones de las leyes de EEUU”, dijo Christopher Servello, capitán de corbeta de de la Marina, en una declaración del viernes emitida por las instalaciones centrales de las Operaciones de la Marina de EEUU. “Funcionarios de la Base y del Departamento de Estado trabajan para encontrar una solución permanente”.

La Marina no ha dicho hasta ahora cuántos trabajadores retirados de Guantánamo aún reciben pensiones, ni ha suministrado una cifra en dólares.

Miles de cubanos viajaban a la base desde ciudades cercanas en el sureste de Cuba como jornaleros –soldadores, maquinistas y encargados de las áreas verdes– antes de que Castro llegara al poder en 1959. Al aumentar las tensiones, la base se aisló más y más, desde abastecerse de su propia agua a generar su propia electricidad.

Mientras tanto, Estados Unidos impuso una serie de sanciones económicas que culminaron en el embargo comercial de 1962.

Los trabajadores anteriores a la revolución pudieron seguir viniendo bajo un acuerdo que cubría a los empleados legales de la Base. No hubo nuevas contrataciones.

En 1999, la fuerza laboral que venía de Cuba se había reducido a 18 hombres que caminaban una milla a través de la famosa cerca de las colinas de Guantánamo hasta la Puerta Noreste, con algunos encargados de llevarles fondos a los jubilados que vivían en Cuba.

Para el 2002, unos 100 retirados recibían pensiones federales de EEUU y los oficiales de la Marina de EEUU buscaron una iniciativa de ley para hacer transferencias de dinero sin violar el embargo.

“Vimos venir esto desde hace algún tiempo con el retiro del último cubano”, dijo un oficial naval, “pero todavía no hemos logrado una solución”.

Ahora Henry y la Rosa son los últimos trabajadores que llevaban dos veces al mes las pensiones a sus colegas en la parte cubana de la cerca de 17.4 millas de la base. La Rosa, quien se retiró como trabajador en el parque de vehículos de la empresa, comenzó a trabajar en Guantánamo como un soldador de 18 años de edad. Henry, contratado a los 17, trabajó en el depósito de suministro de oficina de la base.

Al faltar una solución, un comandante anterior de la base sugirió que se podía pedir a los infantes de marina que están de guardia en la frontera que entregaran efectivo a través de la cerca de los soldados cubanos. La Marina no había comentado el viernes sobre si eso era una solución potencial.

La base misma hizo un video de tributo a los hombres, sin mencionar el problema del pago del retiro.

“El 31 de diciembre, los años de sacrificio y dedicación de estos dos caballeros llegarán a un fin”, dijo un marinero de EEUU, “cuando pasen por última vez por la Puerta Noreste, marcarán el final de una era”.

Jonathan M. Hansen, autor del libro del año pasado Guantánamo: An American History, dijo el viernes que este último episodio es “simboliza las complicaciones de la larga historia de Estados Unidos en la base”, que no puede escapar a la política estadounidense hacia Cuba.

“Toda historia agradable que viene de ese lugar tiene una parte oscura en ella”, dijo Hansen. “Así que en realidad no me sorprendería que no vayan a recibir esas pensiones”.

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