Fue un deleite conocer a la española Margarita Camacho, “Torgia”, como ella se llama a sí misma, viuda y fiel colaboradora de Jorge Camacho, el afamado pintor cubano de la escuela surrealista de André Breton, que se ubicó en París desde 1959.
En sus vacaciones, la campiña tropical cubana poblada de aves sonoras, que tanto le gustaba a Camacho, fue sustituida por el Parque La Doñana, refugio de especies migratorias en la provincia de Huelva, Andalucía, España. Allí en Almonte habitaron él y Margarita en Los Pajares, casa en la que el artista trabajó y pintó hasta que falleció, de 77 años, en el 2011.
Aluna Art Foundation, que coordinan Adriana Herrera y Willy Castellanos, abrió su espacio para ofrecer Sketches, la colección de los bocetos de Camacho editados por Carmen Elías, que vino a presentar Margarita, asistida por el íntimo amigo del artista desde su más temprana juventud, el crítico Carlos M. Luis, y la artista y curadora Surpik Angelini. Se mostró además un corto metraje documental titulado Camacho, de la compañía Lunáticas, producido por Zoé Valdés y dirigido por Ricardo Vega, que capta al artista en el acto de pintar un cuadro, con música de fondo de Ulises Hernández.
TESTIMONIO DE LA VIUDA DE CAMACHO
Después de vivir 52 años con Camacho, Margarita no podía resumir su vida, pero señaló que era un creador polifacético y con gran sentido del humor. Sobre su pintura, dijo que no era “más difícil que un cuadro de Miró, Bacon o Marcel Duchamp”, y añadió que “Jorge empleaba a menudo la frase de Spinoza ‘porque todo lo que es bello es tan raro como difícil’ ”.
Camacho fue acogido por el surrealista André Breton cuando llegó a París, y fue influido en su arte también por el estudio de la alquimia y las culturas precolombinas, que había explorado en una visita a México con el pintor Luis Cuevas. Sus obras pueden parecer totémicas o de figuras estilizadas de aves, o cualquier cosa que uno quiera imaginar en ellas. Margarita manifestó que habían encontrado unos 500 de los bocetos que hacía antes de llevar la obra al lienzo.
“La mayoría los realizaba en cuadernos a lápiz. Aquí vemos la maestría de sus dibujos. Yo considero que son la columna vertebral de su obra”, afirmó la viuda de Camacho.
FILME DE RICARDO VEGA
Margarita pasó entonces a describir el proceso que visualmente se vería luego en el filme documental Camacho de Ricardo Vega. Usaba pintura de pared licuada con agua para preparar el cuadro, que siempre era de color mamey. Le daba dos manos, pasaba el boceto a la tela o lo dibujaba con carboncillo. Después lo afirmaba con óleo, lo dejaba secar y lo frotaba con un trapo duro, para limpiar el carboncillo. Preparaba óleo muy licuado en colores tierras y lo extendía por toda la tela frotándola. El dibujo quedaba esfumado en transparencia. Después llegaba el proceso de poner el color.
En el documental de Vega se ve una planicie de arena donde Camacho está tomando fotos, parecen las dunas frente a La Doñana. El artista es el hombre en el centro. Esto pasa a formar parte de su dibujo y de todo el proceso reseñado anteriormente. En el Instituto de la Víbora en La Habana, cuando formé un grupo con mis compañeros Mirta Atanes, Magaly González y Jorge Marbán, de la clase de Geografía de Cuba de Gerardo Canet, Camacho ilustró el libro producto de nuestras investigaciones. Allí estaba el germen de estos dibujos surrealistas, que antes tenían al campesino en el centro y todos los atributos de la campiña de la isla, pero en estilo más realista, ingenuo si se quiere (más adelante imitó a Gauguin, dijo Carlos M. Luis) y luego pude ver pinturas abstractas suyas en La Habana. Pero al ver el filme quedé impresionada de la transformación de lo real a lo surreal.




























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