La celebración de la Navidad y del Día de Reyes cambia la fisonomía de la ciudad. Se engalanan las calles, los árboles y las fachadas de los edificios para contagiar a la mayoría de las personas el espíritu de fiesta y armonía que caracteriza estas fechas. Dentro de la liturgia navideña y en especial en los países tradicionalmente católicos, la creación y exhibición de belenes constituye un elemento de cohesión, hermandad y júbilo artístico, ya que se recrea el nacimiento de Jesucristo según la idiosincrasia de cada pueblo o región.
Llamados también nacimientos, pesebres y portales, los belenes tuvieron su primera aparición en una cueva de una localidad de Lazio en Italia. Se conoce que San Francisco de Asís fue el creador de la idea en la Nochebuena del año 1223 y quien aprovechó la ocasión para predicar el Evangelio adorando a un Niño arropado por el hálito de los animales que formaban aquel primer nacimiento.
Aunque la costumbre de representar el natalicio de Cristo tuvo otros antecedentes desde los tiempos del cristianismo primitivo, lo cierto es que a partir del siglo XIV se extendió la práctica de construir belenes en toda Italia y la misma se difundió a otros países del continente europeo y luego a América.
Llegan noviembre y diciembre y con ellos salen de las cajas los adornos navideños y las figuras del belén porque la mayoría de las casas, comercios y edificios públicos montan sus nacimientos al menos con las tres figuras fundamentales: Jesús, María y José en el pesebre o establo. Los mercadillos navideños también hacen su agosto y muestran nuevos diseños. En esta temporada, en la Plaza Mayor de Madrid destacan las figuras animadas. (www.esmadrid.com/es/navidad-en-madrid)
En España, el hábito de montar belenes lo importó Carlos VII de Nápoles cuando a mediados del siglo XVIII comenzó a reinar como Carlos III en la Península Ibérica. Según anuncia el Ayuntamiento de Madrid en su exposición belenística actual, el monarca llegó a España con tres belenes que fueron documentados en los archivos palaciegos y cuyo contenido fue distribuido a su muerte entre sus herederos. Gracias a los artesanos napolitanos, el belén se transformó en un espectáculo que llega hasta nuestros días como uno de los exponentes del arte barroco del siglo XVIII.
Anualmente, la Casa Consistorial escenifica un Belén diseñado por los mejores creadores para que los habitantes de la ciudad y los turistas que visitan Madrid por estas fechas puedan disfrutar de tal manifestación artística de forma gratuita. La costumbre que germinó en las casas aristocráticas se fue popularizando con los años de tal forma que actualmente existe un itinerario de belenes que comienza a finales de noviembre y termina a mediados de enero.
La ruta incluye lugares emblemáticos de la ciudad cuya entrada es libre, a excepción del Museo Nacional de Artes Decorativas donde el precio de la entrada general es de 3 euros(C/ Montalbán, 12). Esta Navidad se exhibe un belén napolitano del siglo XVIII en la colección permanente, en la planta tercera de la institución.




























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