ASUNCION -- El cura italiano Aldo Trento, recientemente homenajeado como ciudadano de honor de Paraguay por el Congreso del país “por sus numerosas obras de beneficencia”, revela que su mentor, el religioso Luigi Giussani, lo rescató a tiempo de la agitada vida política en los años sesenta en su país.
“El padre Trento es de nacimiento italiano pero de corazón paraguayo, con vocación de servicio que se expresa en su asistencia permanente a las personas carenciadas”, fundamentó el Congreso para concederle el galardón el pasado mes de diciembre.
Trento hizo construir al lado de su Iglesia San Rafael de Asunción un hospital para enfermos terminales pobres, un refugio para huérfanos, otro para ancianos y una escuela y un colegio para hijos de carentes, que hoy superan los 300 alumnos.
Natural de Belluno en el Veneto, cuya capital es Venecia, donde nació Juan Pablo I, Trento asegura en una entrevista con la AFP que “no se necesita ser de izquierda ni de derecha para hacer obras”.
Lo dice por propia experiencia. Confiesa haber estado a un paso de integrar las Brigadas Rojas en Italia bajo el influjo de las ideas de Olivier Clement y Antonio Gramsci durante la guerra fría.
“Con tristeza puedo decir que milité en un movimiento de la extrema izquierda que se llamaba Poder Operario, Poder Obrero, que era formado por un profesor de ciencias políticas de Padua. Muchos se pasaron a la primera línea de las Brigadas Rojas, aquellos que mataron después a (el exprimer ministro italiano) Aldo Moro y otras personas. Por la gracia del Señor pude salir de allí antes, gracias al encuentro con Giussani (fundador del influyente movimiento católico Comunión y Liberación). Él me demostró que la liberación es solo fruto de la comunión, del encuentro con Cristo”, subraya Trento.
Los seminaristas y religiosos jóvenes simpatizaban y hasta militaban -como él- en las organizaciones de izquierda, hasta que alguien como Giussani los reconquistó contra la prédica de la dictadura del proletariado, bajo la consigna: “Dios ama más tu libertad que tu salvación”.
“A mí me fascina esta frase, porque antepone la libertad antes que nada”, subraya, para concluir que su vocación es ayudar a los pobres y a interesar a la gente que puede a hacer lo mismo, “porque hay demasiados pobres”.
Sus vecinos del barrio Tembetary de la capital paraguaya, en su mayoría de buen nivel económico, no ve con buenos ojos la actividad de su Iglesia.
“No les gusta. Los terrenos se han desvalorizado bastante. La gente vende y se va a otra parte, pero qué vamos a hacer. No podemos esconder esta realidad”, señala.
En el hospital esperan su fin 27 enfermos terminales de sida y cáncer, “gente que andaba abandonada por la calle, prostitutas, travestis, lesbianas, gente que esperaba su fin en la peor miseria”, relata.
En las salas de convalecencia se escuchan oraciones de un lado y gemidos del otro. “Mueren con la sonrisa en los labios después de haber padecido tanto. Más de mil he visto morir acá. Muchos de ellos son muertos en vida para sus familias. Ni siquiera los visitan”, explica.
Bajo el liderazgo de Trento, la fundación San Rafael, que se encarga de la administración, mueve a 200 personas detrás de la obra.





























Mi Yahoo