La mayoría de los libros que Enrique Ros ha escrito (casi 20) han sido sobre la historia de Cuba. Algunos de ellos, sin embargo, han tratado sobre el predominio de los exiliados en la política de los Estados Unidos. Los tres primeros que escribió sobre ese tema, abarcaban el período de 1952 a 1995 y hacían énfasis en dos hechos que sentaron las bases del desarrollo del exilio cubano: la elección de Robert King High en 1957 como alcalde de Miami (fue él quien ayudó a los primeros exiliados) y la promulgación por el presidente Lyndon B. Johnson de la Ley de Ajuste Cubano de 1966, que le permitió a los cubanos obtener la ciudadanía americana de una manera expedita. Después vinieron los éxitos económicos; un poco más tarde, los éxitos políticos. Los negocios cubanos se multiplicaron y aparecieron los primeros empresarios; junto a ellos, nuestros primeros funcionarios electos. En 1972 Manolo Reboso obtuvo un asiento en la Comisión de Miami; y en 1978, Jorge Valdés pasaría a la historia como el primer cubano americano alcalde de una ciudad de Estados Unidos. Le siguieron representantes y senadores estatales, congresistas y senadores federales, así como miembros de varios gabinetes presidenciales. Como si eso fuera poco, Marco Rubio estuvo entre los que fueron considerados como compañero de boleta de Mitt Romney en la pasada elección presidencial. Pero junto a esos impresionantes logros también hubo crasos errores. De esos, por igual, se ocupa Enrique Ros. Y lo hace de una manera imparcial en su nuevo libro, La fuerza política del exilio cubano (Tomo IV), que ha sido publicado por Ediciones Universal.
Este cuarto tomo comienza con una detallada descripción de la reunión de la Comisión del Condado Dade para discutir el arrendamiento de terrenos de la Base Aérea de Homestead (1,200 acres) a la empresa Homestead Air Base Developers Inc., de la cual Carlos Herrera, presidente de la poderosa Latin Builders Association, era uno de sus principales directivos. El contrato, que no había estado abierto a licitación pública, terminó siendo aprobado a pesar de las controversias que todo el proceso generó. Ros deja constancia de la forma en que se votó. A favor: Maurice Ferré, Natacha Millán, Javier Souto, Gwen Margolis, James Burke, Bruce Kaplan, Alex Penelas, Pedro Reboredo y Betty Ferguson. En contra: Miguel Díaz de la Portilla, Katty Sorenson, Denny Moss y Arthur Teele. Pero este es sólo uno de los muchos eventos que se incluyen en este tomo. Aquí aparecen, de manera cronológica, las campañas por los puestos de comisionado, las alcaldías, los escaños en las cámaras estatales y federales, así como hechos históricos que provocaron fricciones entre el exilio y la administración de los Estados Unidos, como la “crisis de los balseros” de 1994 y el posterior acuerdo migratorio con Cuba, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, la no implementación del Título III de la Ley Helms-Burton y la devolución de Elián González a Cuba.
Están también los conflictos entre el alcalde Xavier Suárez y el jefe de la policía Donald Warshaw, los enfrentamientos de Alex Penelas y el comisionado Arthur Teele, el controvertido impuesto a la gasolina, así como los casos de corrupción de algunos políticos y funcionarios cubanos, que terminaron dañando la buena imagen y el prestigio del resto de los que desde sus cargos servían con honestidad y desinterés a nuestra comunidad. Unos fueron acusados de percibir comisiones ilegales; otros, de cometer fraude hipotecario. En ambos casos, primero fueron destituidos por el gobernador Lawton Chiles, y después, condenados a penas de cárcel.
La fuerza política del exilio cubano, Tomo IV es un libro escrito, no sólo con minuciosidad, sino con imparcialidad. Y es que Enrique Ros no ha dejado que sus preferencias partidistas y su condición de cubano exiliado comprometido con la libertad de su país, amenacen su objetividad como historiador. Aquí está todo: lo bueno, lo regular y lo malo. Están también las pruebas de que aun mientras participábamos en la construcción del Miami próspero y pujante de hoy, nunca dejamos de luchar por una Cuba libre y democrática. •




























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