¿Cuándo es indispensable un abogado de inmigración?
Tengo un problema serio con Inmigración que no me ha aprobado aún una
petición de residencia que les hice para traer a mi hijo mayor a EEUU. Hasta
ahora siempre he hecho mis diligencias inmigratorias por mí mismo, pero
algunos personas me dicen que, en general, es necesario que yo
contrate a un BUEN
abogado de inmigración. ¿Cuándo es indispensable que lo haga?
E.D., Miami
Supongo que mi respuesta a su amable pregunta, si se la expreso en
términos ABSOLUTOS le sorprenderá. Esa respuesta es: ¡NUNCA! Es como si me
preguntara si es ó cuándo es “indispensable” echarse al hombro un fusil al
adentrarse en la selva en Africa... Otra vez, mi respuesta tendría que
ser “NO”
ó “NUNCA” porque para ENTRAR no se necesita nada, pero para SALIR de allá
intacto podría haberle tocado enfrentarse a un poderoso tigre, y entonces
sería una de dos: ó usted se habrá conquistado una hermosa piel de felino,
ó el tigre se lamería las fauces, satisfecho de haberse almorzado un
sabroso manjar de cazador...
Me aventuro a hacerle una estadística. De cada 100 extranjeros que se
presentan a Inmigración para cumplr un proceso, unos 80 lo intentan por sí
mismos, SIN abogado, porque deciden ahorrarse (??!) el gasto de un servicio
profesional. De los 20 que SI llevaron abogado, de 15 a 18 salen APROBADOS y
resuelto su problema inmigratorio. De los 80 que decidieron ahorrarse lo que
les costaba el abogado y se presentaron solos, unos ocho a 10, igualmente
salen APROBADOS, pero de los otros 70 a 72, salen de allí con la cabeza
grande, rechazados, confundidos, ó con exigencias que las más de las veces ni
las entienden con claridad, y que aun entendiéndolas, les van a quitar el
sueño por una ó muchas noches de desvelo...
Inmigración no es una jaula de fieras que viven ansiosas de comerse todo
lo que encuentran comestible. Pero aunque hay una gran cantidad de
funcionarios de buen ánimo y mejor corazón, ellos trabajan para un
organismo (un
organismo PúBLICO, para decirlo con propiedad), que está sujeto a un mar de
regulaciones y leyes que una persona común está lejos de sospecharse, y más
lejos todavía de entender a cabalidad. Aunque hay algunos funcionarios que
son bastante comprensivos, el funcionario está encajado en una escala ó
categoría rígida con diferencias progresivas de salario y remuneración. Por lo
tanto es apenas humano que cada cual de ellos, hombre ó mujer, tiendan a
CUIDAR EL PUESTO. Demasiados errores de apreciación, de lenidad, ó de
favoritismo, los puede atrasar en sus aspiraciones de progreso y, en casos
extremos, hasta costarles el empleo. Por otra parte, es inevitable que algunos
gusten MENOS de unas nacionalidades que otros. Aunque no debiera ser así, esos
prejuicios, por mucho que nadie los confiesa, cabe aquello de que “no creo
en brujas, pero de que las hay, las hay...”
¿Y es que, acaso, TODOS los abogados de inmigración (ó de cualquier otra
especialidad) son BUENOS, con expertos, y son comfiables?! Respuesta: no
estamos en el Cielo, donde San Pedro les ha hecho a todos los humanos que
tocan a la puerta un examen riguroso y sobrenatural. Estamos no en el cielo
sino en el suelo... De ahí que del millón largo de abogados que ejercen en
EEUU, 70 de cada 100 no saben nada de inmigración, y de los 30 que sí saben
algo ó mucho del tema, de cinco a 10 son conocedores apropiados para manejar
con probidad su caso, dos ó tres son expertos (y ojalá el suyo esté entre
ellos), uno de ellos ya está en la cárcel (ó por lo menos expulsado
(DISBARRED) de la profesión), y uno, no entre 100 sino entre 10,000 (!!!) es
conocido nacionalmente y altamente apreciado por el resto de sus
colegas como el
MAESTRO de todos los demás...
¿Cómo encontrarlo para solicitar su servicio en un caso complejo que
desafía lo corriente y cotidiano? “Ahí está el detalle”, como acuñó
la frase el
inmortal mexicano que seguimos deleitándonos con sus películas por años ya
que lleve en la Gloria.
Respuesta práctiva: preguntar, averiguar, comparar – no caer víctima del
primer deslenguado que se ofrezca... ¡Suerte!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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