Tallahassee -- Rick Scott se presenta como una persona capaz de resolver problemas, pero después de dos años como gobernador de la Florida sigue sin resolver su mayor reto: él mismo.
A mediados de su término de cuatro años, momento en que tradicionalmente los gobernadores pasan revista a sus logros y fallos, Scott sigue siendo una figura polarizadora, un líder que todavía está aprendiendo a tropezones.
Otrora el preferido del Tea Party, Scott ahora tiene que trabajar para ampliar su base política en momentos que busca la reelección en el 2014. Debido a su lentitud en conocer a fondo la cambiante dinámica política de la Florida, ha corregido el rumbo en temas como la inmigración, la educación, la salud pública y la votación adelantada.
Demandado repetidas veces por sus políticas, los demócratas han calificado a Scott de persona de corazón duro y eliminador de empleos, ha sido ridiculizado en televisión por insultar al rey de España y ha sido objeto de parodias por tratar de obligar a los empleados estatales a someterse a pruebas de drogas.
Uno sólo tiene una oportunidad de causar una buena impresión, comentó el cabildero y estratega republicano J.M. Mac Stipanovich. Cuando uno es objeto de críticas de alguien como Jon Stewarts [conocido comediante político], recuperarse de eso es muy difícil. La gente ya se formó su opinión y no han visto una razón para cambiarla.
Pero hay señales de mejoras en la gestión de Scott. La tasa de desempleo de la Florida ha bajado tres puntos porcentuales con la creación de nuevos empleos, la deuda estatal está en su menor nivel en varias décadas, el crecimiento demográfico se ha recuperado y las perspectivas de ingresos son ahora mejores después de años de grandes déficit. Vamos por buen camino, expresó Scott en una entrevista reciente con el Herald/Times. Sólo tenemos que seguir por ese camino.
Scott ha presionado en favor de más transparencia en el gobierno, es más accesible personalmente y ha realizado cambios en su personal. La semana pasada, por primera vez, Scott, que es republicano, visitó la zona rural de Wauchula en un esfuerzo por establecer lazos con la gente de a pie.
Pero las encuestas muestran que su falta de popularidad se mantiene y no hay señales de mejora, un signo de que la opinión negativa del público no cede. Si Scott planea mejorar su imagen entre los floridanos, tiene que ser ahora o nunca.
En agosto del 2010, el candidato Rick Scott pronunció un discurso en un parque de San Agustín, mientras la luz del sol se reflejaba en su cuero cabelludo como un espejo. !Ustedes van a cambiar el país!, dijo Scott a miles de activistas de Tea Party. El establishment ya no controla nuestras elecciones.
En su discurso de campaña, Scott dijo que el gobierno eliminaba empleos con su exceso de impuestos y normas, todo eso obra del presidente Barack Obama. Todo lo que Obama hace es eliminar empleos, le dijo Scott a la multitud que lo aplaudía.
Scott, que convirtió a Columbia/HCA en la mayor cadena del país de hospitales con fines de lucro, derrotó al establishment del Partido Republicano que se le opuso. Con una inversión de más de $73 millones de su propio dinero, dominó las ondas radiales con un mensaje disciplinado de que crearía 700,000 empleos en siete años. Eso funcionó contra dos rivales poco inspiradores Bill McCollum en la primaria republicana, y la demócrata Alex Sink en noviembre en un año en que la popularidad de Obama en la Florida estaba en una cota mínima histórica. En los negocios, eso es lo que se llama una adquisición hostil, indicó Don Gaetz, republicano por Niceville, presidente del Senado de la Florida y admirador de Scott.






























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