Capitalismo controlado
Y sin embargo, ya no hay más dudas de que están surgiendo en Cuba bolsas de capitalismo controlado. En La Habana, en particular, las pequeñas empresas están en todas partes. Industrias urbanas completas, como los taxis y restaurantes, se transforman por medio de los nuevos competidores, quienes compiten cada vez más por los clientes, la mano de obra y los materiales. Incluso las tareas más elementales que acostumbraban a ser administradas por el estado como la compra de alimentos está cada vez más en manos de un sistema privado que establece sus propios precios basados en el suministro y la demanda.
Aunque el estallido inicial de actividades se ha hecho más lento, algunos expertos dicen que la explosión en el comercio mostró cómo eran todo el tiempo los capitalistas cubanos. De las 350,000 personas con licencia para ser empleados por cuenta propia bajo las nuevas leyes a finales del 2011, el 67 por ciento no tenía una afiliación laboral anterior lo que más probablemente signifique que administraban negocios clandestinos que se convirtieron entonces en legítimos.
Algunos de los empresarios más exitosos están optimistas de que Cuba se abra más a las ideas de libre mercado. Héctor Higuera Martínez, de 39 años y dueño de Le Chansonnier, uno de los mejores restaurantes de La Habana (el pato es prácticamente parisino), dice que los funcionarios comienzan a darse cuenta que hay una razón para apoyar los negocios privados. Por ejemplo él le ha dado trabajo a la gente, y gana moneda dura de los extranjeros, incluyendo estadounidenses.
Antes no teníamos nada, comentó Higuera. Ahora tenemos una oportunidad.
El hace todo lo que puede para sacarle el máximo provecho. Cuando nos conocimos una noche en el restaurante, él ya había escrito varias páginas de notas y gráficos explicando lo que hacía falta que creciera en su industria de los mercados al por mayor, a un mejor transporte para los campesinos, a poner fin al embargo comercial estadounidense, a cambios en el código impositivo cubano. En una cocina curiosamente adoquinada, en que sólo funcionaba uno de los tres hornos, él casi parecía salivar con la idea de empacar al vacío para que sus alimentos se pudieran enviar de una forma más eficiente.
El era casi tan capitalista como era posible. ¿Pero se adoptarían alguna vez sus ideas? Como todos, él enfrenta grandes límites. Por ejemplo, no puede contratar a más de 20 empleados. No tiene acceso a préstamos de la banca privada y el gobierno ha mostrado poca inclinación para permitir que personas como Higuera tengan éxito a gran escala.
Al contrario, cuando llega el éxito, el gobierno parece ponerse nervioso. Este pasado verano, funcionarios cerraron un próspero restaurante y cabaret que presentaba ópera y danza en lo que era un solar yermo vacante, al acusar al dueño de enriquecimiento personal debido a que cobrara una entrada de $2 en la puerta. Un artículo noticioso de Reuters lo había descrito como el mayor negocio privado de Cuba. Unos pocos días después, había desaparecido, junto con 130 puestos de trabajo.






























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