El gobierno de Castro también ha tratado de mantener bajo control la innovación en otras formas. No ha permitido que profesionales como abogados y arquitectos trabajen por cuenta propia. Y sus esfuerzos de represión política se han centrado durante los últimos años en jóvenes innovadores que buscan espacio para un discurso civil en público y en internet la bloguera Yoani Sánchez, o Antonio Rodiles, director de un proyecto independiente llamado Estado de Sats, que fue arrestado a principios de noviembre y dejado en libertad la semana pasada después de 18 días de prisión.
Capitalismo esposado
Así que por ahora, con lo que ha finalizado Cuba es con un capitalismo esposado: mercados competitivos altamente regulados para empresas familiares, pequeñas y poco calificadas. La libertad económica existente se ha acumulado principalmente en los que su principal ambición es hacer y vender pizzas.
Lo que de nuevo provoca la pregunta, ¿se encamina realmente o no Cuba hacia el capitalismo? Los escépticos son fáciles de encontrar.
Todos los lugares en el mundo que han tenido un verdadero cambio, lo han hecho porque el régimen mismo ha permitido algunas aperturas significativas y la puerta se ha abierto por completo, dijo el senador Robert Menéndez, demócrata por New Jersey. Eso no es lo que está pasando aquí.
Muchos cubanos dicen que están ansiosos de que se vaya un sistema confiable descrito por un chiste muy común: Nos hacemos los que trabajamos, ellos se hacen los que nos pagan. Taxistas dijeron a López Levy que trabajaban más por menos dinero debido al aumento de la competencia. Un campesino que me encontré en un mercado al por mayor en las afueras de La Habana dijo que el capitalismo era igual a mayores precios, y agregó que el gobierno tenía que intervenir.
Pero principalmente, ésta es una población envejecida y López Levy quien aún tiene amigos y parientes en el gobierno dice que incluso entre los burócratas cubanos, la mentalidad es el cambio. Si es así, parece inevitable más capitalismo. Porque con cada nuevo empresario que le concede una licencia Cuba se hace menos socialista, más excepcional, menos del rebelde barbudo levantando su puño contra los horrores del capitalismo yanqui. A los ojos de algunos cubanos, el baile ya terminó.
El gobierno ha perdido la batalla ideológica, dijo Oscar Espinosa Chepe, un economista educado por el estado que fue enviado en el 2003 a prisión por criticar al gobierno. La batalla por las ideas era la más importante, y ellos la han perdido.






























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