La arriesgada jugada del chavismo de asumir el poder en representación de Hugo Chávez sin que realmente se sepa si está vivo, refleja la necesidad del vicepresidente Nicolás Maduro de comprar tiempo para consolidar su liderazgo en el marco de un proceso de transición plagado por fisuras internas, consideraron analistas.
Chávez, a quien nadie ha visto desde que partió hace un mes a Cuba para ser sometido a una nueva operación por el cáncer que padece, debía ser juramentado el jueves para un nuevo mandato, pero el gobierno declaró que eso es innecesario dado a que ya ostenta el cargo, en una decisión que fue ratificada el miércoles por el Tribunal Supremo de Justicia.
Pero líderes de la oposición, quienes consideran a las cortes del país como apéndices de la Revolución Bolivariana, afirmaron que las pretensiones del chavismo violan la Constitución, resaltando que la instauración de un gobierno de Chávez sin él al frente equivale a la instauración de un gobierno de facto.
El fallo es una decisión política, declaró la diputada opositora Vestalia Sampedro. La decisión no está apegada a la acción jurídica que todos los venezolanos esperábamos el día de hoy. De hecho fue adelantada por la magistrada Luisa Estella Morales en el mes de diciembre, aseguró la parlamentaria carabobeña.
El secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, coincidió. Hay una serie de cosas propiamente políticas más que jurídicas que están de por medio, comentó.
Analistas han coincidido en que la medida es de alto riesgo para el chavismo porque erosiona aún más la legitimidad de un régimen que ya es cuestionado por su autoritarismo.
Pero admitir públicamente que Chávez no está en condiciones de asumir el cargo también traía sus problemas, especialmente para Maduro, quien fue ungido por Chávez como su heredero.
Para Diego Moya-Ocampos, analista senior para Las Américas de IHS Global Insight, esto se debe a que Maduro ejerce muy poco control sobre la maquinaria chavista.
El liderazgo de Maduro no puede forjarse de un día para el otro. Venezuela cuenta con un modelo personalista que durante 14 años se ha fundamentado en el culto a la personalidad del presidente Chávez y que durante ese tiempo no permitió la aparición de ningún otro liderazgo emergente que de alguna manera le hiciera sombra, comentó Moya-Ocampos.
Si bien la bendición de Chávez hacia Maduro es un factor bastante fuerte e influyente sobre el electorado chavista, no está claro si dentro del partido las distintas facciones de civiles y militares vayan a aceptarlo con tanta facilidad, añadió.
De hecho, el chavismo es una corriente plagada de fisuras entre los líderes de sus diferentes facciones. En el pasado, precisamente era Chávez el que sobrellevaba el delicado juego de mantener el equilibrio entre las ambiciones de sus más cercanos aliados. Pero la situación luce más difícil, ahora que el mandatario se encuentra ausente.
Al centro del juego se encuentra el actual presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, hombre que ha amasado una enorme fortuna y poder dentro del chavismo, al tener bajo su influencia a un elevado número de generales y coroneles.






























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