SANTIAGO DE CHILE -- Con la nominación al Oscar de No de Pablo Larraín, Chile no sólo consigue su primera candidatura al premio a la mejor cinta extranjera, sino la atención del mundo nuevamente y con ella un nuevo impulso a la producción cinematográfica local.
Para Larraín, la postulación no resultó del todo sorpresiva, pues el mes pasado la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas anunció que su filme estaba entre los nueve preseleccionados el único de Iberoamérica, y por las críticas positivas que ha recibido en los países por donde ha pasado.
Pensaba que estábamos cerca, dijo el director a sólo minutos de conocida la nominación, pero en conversación con la televisión estatal confesó que la ganadora, en su opinión, será la austriaca Amour, que conquistó otras cuatro candidaturas, incluyendo a mejor película, director, guión original y actriz (Emmanuelle Riva). Lo más probable es que esto termine en las manos de (el director) Michael Haneke, que es lo más razonable, añadió.
De hecho, Chile celebraba por partida doble: el director de cinematografía Claudio Miranda, nacido en el país, fue nominado al Oscar por su trabajo en el filme Life of Pi de Ang Lee.
La postulación de la cinta de Larraín da cuenta de una industria que comienza a perfeccionarse, a profesionalizarse y poder entrar en competencia en estándares internacionales, del calibre de las películas que están compitiendo, dijo el jueves a la televisión local el ministro de Cultura chileno Luciano Cruz-Coke.
No, inspirada en los hechos reales que llevaron a la derrota de Augusto Pinochet, competirá también con la saga danesa del siglo XVIII En kongelig affære ( Un asunto real) de Nikolaj Arcel, con el drama canadiense de un niño soldado Rebelle ( War Witch) de Kim Nguyen y la aventura noruega marina Kon- Tiki, de Joachim Roenning y Espen Sandberg.
La cinta mezcla escenas reales de la campaña previa al plebiscito del 5 de octubre de 1988, cuando la mayoría de los chilenos le dijeron no a Pinochet e impidieron que siguiera en el poder ocho años más.
García Bernal da vida al publicista exiliado René Saavedra, que quedó en medio del referendo de televisión de 1988 y ayudó a convencer a la gente a votar no. El personaje, como en la realidad, logra desarrollar una campaña muy contagiosa, llena de música, bailes, risas, con personajes corrientes, como estudiantes, jubilados y amas de casa.
Al hacerlo me la pasé muy bien, me divertí mucho y además [fui] muy bien recibido por todos los del equipo, había una relación natural, el hecho de que yo interpretara a un exiliado es algo que es muy común en Chile. La dictadura ocasionó este tipo de exilios y este tipo de retornos, dijo García Bernal en una entrevista telefónica previa con The Associated Press desde Cabo San Lucas, México, donde se encuentra filmando un cortometraje con Diego Luna para un proyecto entre su productora Canana y la marca de whisky Chivas Regal.
La postulación de No es, en opinión de García Bernal, una oportunidad perfecta para presentar más cine chileno al mundo.






























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