El rechazo que la mayoría de los 569 cronistas de la Asociación de Escritores Deportivos de Estados Unidos le hicieron a todos los peloteros que estaban en las papeletas para el Salón de la Fama del 2013 tiene una respuesta con tres palabras: injusticia, fanatismo y disparate.
Un grupo de estos aspirantes reúne méritos superiores a muchos jugadores que están en Cooperstown. Pero ninguno de ellos fue elegido. En especial, por sospecha de usar esteroides.
A Barry Bonds, Roger Clemens, Sammy Sosa, Rafael Palmeiro, Mark McGwire y compañía, no fueron castigados por un juez en una Corte Federal. Tampoco fueron sancionados de por vida por la MLB. Están siendo castigados por muchos periodistas deportivos que se creen más puristas que el difunto “Papa Juan Pablo II’’ y se han convertido en jueces que dictan sentencias por supuestas malas conductas, mientras que los récords de los peloteros siguen de manera oficial en los libros de la MLB.
Si, la verdad aunque duela. Los peloteros no son los únicos culpables del uso de esteroides, también lo fueron sus cómplices; desde periodistas, dirigentes y entrenadores, hasta el Comisionado de Béisbol.
Dejénse de tonterías. Barry Bonds, con o sin esteroides, ha sido uno de los grandes peloteros de la historia, Roger Clemens uno de los cinco mejores lanzadores y Craig Biggio uno de los intermedistas más completos, mientras que Jeff Bagwell, Sammy Sosa, Rafael Palmeiro, Mike Piazza, Mark McGwire, Edgar Martínez y otros que siguen esperando, tienen méritos superiores a una gran parte de los jugadores que están en Cooperstown.
El Salón de la Fama no tiene que ser un recinto para Santos. De hecho, no lo es, pues dentro del mismo se encuentran figuras que no fueron ejemplos de buena conducta dentro y fuera del terreno, incluyendo hombres que escupieron a los pies de negros en la época de discriminación en la pelota de Grandes Ligas.
El miércoles, cuando se dio a conocer los resultados del 2013, no sólo vimos la postura fanática de los votantes, también se comprobó la imperfección del sistema de votación.
Los tiempos cambian y el Salón de la Fama de Grandes Ligas debe asumir una nueva perspectiva. Es necesario renovar dicho sistema para eliminar o al menos disminuir la tremenda injusticia que existe desde hace tiempo.
El primer paso podría ser nombrar una Comisión Especial que analice las medidas a emplear para sanar algo que huele a podrido.
Dejemos bien claro que no deseamos que al Templo de los Inmortales entren nombres sin los méritos necesarios. Quien respete al béisbol no acepta que esto suceda. Pero dejar esperando durante años a figuras que sí lo merecen desde su primera nominación, es injusto y atenta contra el buen funcionamiento de esta institución.
Más de diez nombres que estaban en las papeletas suman credenciales más que suficientes para ingresar a Cooperstown.
Al ser rechazados, la lista para el próximo año crece cuando se estrenen los nombres de Greg Maddux, Frank Thomas, Tom Glavine, Jeff Kent y Mike Mussina. Esto lleva a que se acumulen las figuras que lo merecen haciendo más difícil para estos jugadores el acceso al recinto sagrado .




























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