Sur de la Florida

Mellizas se conocen después de seis décadas

 

cteproff@MiamiHerald.com

Ellas vivieron en el mismo barrio de Chicago, compraban en las mismas tiendas, tenían amistades comunes y asistían a los servicios de la misma sinagoga. Incluso, compartieron el mismo útero durante nueve meses.

Sin emabargo, transcurrieron unas siete décadas para que cada una de las gemelas se enterara de la existencia de la otra.

Apenas tres días después de su nacimiento, las bebés fueron adoptadas por familias diferentes.

“Siempre sentí que me faltaba una parte de mí misma”, dijo Etta Stevens, vecina de Hollywood. “Ahora el círculo se ha cerrado”.

Esta semana, Sandi Ikenn vino de Chicago al sur de la Florida para pasar tiempo en compañía de su hermana. Irán a la playa, practicarán meditación — lo cual Etta enseña — y realizar el viernes una salida de chicas solas.

“Es como si estuviéramos poniéndonos al día”, dijo Sandi, “pero yendo hacia delante al mismo tiempo”.

Sentadas muy juntas en un sofá del condominio donde vive Etta, y agarrando con frecuencia el brazo o la barbilla de la otra, las hermanas hicieron un recuento de las cosas en que se parecen:

Ambas comienzan su día comiendo avena.

A ambas les gustan los muslos del pollo.

Y a ambas les gusta el merengue de las tortas.

“Es lo mejor”, dijo Sandi.

Aunque prácticamente no se conocen, cada una de ellas termina la idea que la otra empieza, responden a las preguntas simultáneamente y juegan con sus respuestas como si se hubieran conocido toda su vida.

Las hermanas, que son mellizas, tienen ojos y narices similares, pero ahí termina el parecido. Aunque ambas nacieron morenas, Sandi ha dejado que su cabello adquiera un gris ahumado, mientras que Etta ha optado por rizos de un rubio rojizo. Los ojos de Sandi son del color del tiempo, y los de Etta son pardos. Sandi es menudita, de cinco pies dos pulgadas; Etta es majestuosa con cinco pies ocho pulgadas.

Las mellizas nacieron de madre italiana en el Evangelical Hospital, ahora Christ Hospital, en South Chicago un 3 de noviembre.

Y aquí viene la primera desavenencia entre hermanas. Etta no quiere revelar el año.

“¿Qué importancia tiene?”, preguntó Sandi.

Etta se mantuvo firme.

“Estamos en el mundo del espectáculo, no podemos revelar la edad”, dijo Etta, quien tuvo un programa de radio en Chicago con su esposo por más de dos décadas.

“Ambas éramos unas bebés gorditas”, añadió. “Estoy segura que nuestras madres compraban en las mismas tiendas”.

Sandi fue adoptada por Rose y Dave Boriss y creció en el barrio de West Rogers Park, en el North Side de Chicago.

Hija única: “Yo tuve todo lo que quise”, dijo Sandi, incluso un caballo.

En la secundaria, se hizo cheerleader y actuó en obras musicales.

Casada a los 18 años, Sandi tuvo tres hijos, uno de los cuales fue adoptado, y enviudó dos veces. Ella pasó toda su vida en Chicago y trabajó como asistente en consultas médicas y farmacias.

Etta fue adoptada por Nathan y Sadye Kartman, y creció a unos cinco minutos de su hermana melliza en North Chicago. Los Kartman adoptaron además a un niño, quien tenía unos seis años más que ella.

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