Revisan pruebas en juicio por corrupción a policía de Miami

 

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Una tarde de junio, mientras empezaba a llover, el sargento de la policía de Miami Raúl Iglesias dijo a un detective encubierto de su pelotón de lucha contra las drogas que apagara su teléfono celular y le quitara la pila, mientras ambos conversaban junto a la casa del jefe.

Iglesias, quien ya había sido relevado de sus deberes bajo sospecha de ser un policía corrupto, temía que el teléfono de Roberto Asanza podría estar grabándolo. Y su instinto no lo engañaba, porque Asanza portaba un micrófono, aunque no precisamente en su celular.

“Nadie ha hecho nada ilegal ni ha violado la ley”, dijo Iglesias a Asanza en la conversación grabada, que se le puso el viernes a los jurados en el juicio por corrupción del sargento en los tribunales federales de Miami. “Si lo han hecho, lo habrán hecho, pero nunca he visto a nadie en mi unidad hacer nada indebido”.

Más adelante, en la misma conversación, Asanza — quien estaba cooperando con las autoridades y tratando de conseguir que su jefe hiciera declaraciones que lo incriminaran — expresó temores sobre mentir en el banquillo de los testigos si le pedían que testificara. Iglesias estuvo de acuerdo en que cometer perjurio era una mala idea.

“Sí, por supuesto, no es bueno, no es bueno decir una c-----a mentira”, respondió Iglesias.

La grabación secreta hecha en junio del 2010 fue la última evidencia presentada por la fiscalía antes de demostrar su caso de corrupción en contra de Iglesias, de 40 años, quien lleva 18 años en la policía.

Iglesias, ex Marine y veterano de la guerra de Irak que recibió un tiro en una pierna durante una operación antidrogas en el 2004, es acusado de plantar cocaína a un sospechoso, robar drogas y dinero a narcotraficantes y mentir a los investigadores sobre una caja de dinero dejada en un carro abandonado como parte de una operación encubierta del FBI.

Asanza, de 33 años, también ex Marine, se declaró culpable el año pasado de un cargo menor de posesión de cocaína y marihuana. El acuerdo extrajudicial lo ayudó a evitar ser condenado por un delito de mayor cuantía; en cambio, él testificó el jueves que Iglesias le había dicho que “estaba bien” pagar con drogas a los informantes confidenciales.

La grabación secreta podría influenciar a los jurados, o podría no hacerlo. En la misma, Iglesias no dijo nada a Asanza que lo implicaran con los cargos presentados en su contra en la acusación de nueve cuentas, señaló el viernes su abogado defensor Rick Díaz. Los cargos cubren el breve período en que el sargento de la policía dirigió la Unidad de Supresión del Crimen, de enero a mayo del 2010.

El sargento de Asuntos Internos de Miami Ron Luquis, testigo del gobierno, estuvo de acuerdo en general con Díaz durante su testimonio del viernes, aunque también se mostró de acuerdo con muchas de las críticas del fiscal Ricardo Del Toro con respecto a la misma evidencia.

Asanza, a pesar de haber aceptado cooperar, dejó saber discretamente a su supervisor que podría enfrentar una investigación criminal cuando se reunieron para la conversación grabada, según fuentes familiares con la investigación.

La grabación fue hecha dos meses después de que otros miembros de la Unidad de Supresión del Crimen (CSU) de Iglesias escribieran una carta anónima a Asuntos Internos, alegando que él estaba “robando drogas y dinero” a los narcotraficantes “2-3 veces por cada 4 días de trabajo”. Cinco miembros de la CSU, incluyendo a Asanza, testificaron en contra de Iglesias la semana pasada.

La grabación de Iglesias hecha por Asanza se hizo menos inteligible cuando ambos entraron a casa del sargento de la policía. El micrófono de Asanza detectó el ladrido de un perro, un televisor a todo volumen y crujidos de papel. Los investigadores creen que Iglesias escribió información en hojas de papel y luego las quemó, pero esa evidencia no fue presentada a los jurados.

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