Mientras los venezolanos esperaban ansiosos noticias sobre el presidente Hugo Chávez y el resultado de reuniones entre altos funcionarios venezolanos y cubanos en La Habana, recibí un tweet que decía: “Este es el primer caso en la historia en que un país subsidia a otro, y es dominado por este último”.
En efecto, los historiadores del futuro probablemente se rascarán la cabeza tratando de dilucidar los motivos que han llevado a Chávez a regalarle a Cuba $4 mil millones anuales en petróleo y otros subsidios y —más importante aún— a poner su salud, y el futuro político de su país, en manos de una pequeña isla del Caribe.
El propio Chávez reveló en junio del 2011 que fue el dirigente cubano Fidel Castro el primero en advertir que su salud flaqueaba, y que lo urgió a someterse a exámenes médicos.
Después de que los médicos cubanos le diagnosticaron cáncer, Chávez rechazó las ofertas de tratamiento de Brasil, donde la mayoría de los expertos coinciden en que hubiera recibido mucha mejor atención médica, y decidió continuar su tratamiento en Cuba.
Después de decirles a los venezolanos en octubre del 2011 que había derrotado definitivamente al cáncer, Chávez pasó más de 106 días en Cuba en el 2012, realizando tratamientos que —según decía— eran para curar efectos colaterales de sus operaciones.
Ahora, mientras Chávez permanece hospitalizado en Cuba y no se lo ha visto ni escuchado en más de cuatro semanas, la prensa venezolana informó de que funcionarios cubanos y venezolanos elaboraron en la capital cubana un “Pacto de La Habana” para evitar luchas internas dentro del chavismo y apoyar al vicepresidente Nicolás Maduro.
El acuerdo fue negociado por el presidente cubano, el general Raúl Casto, y su vicepresidente Ramiro Valdés, quienes participaron personalmente en al menos en tres reuniones con Maduro y otros funcionaros venezolanos, según los diarios venezolanos.
Conforme al plan, Maduro encabezó la ceremonia de inauguración del nuevo período de Chávez en Caracas el 10 de enero, tras una dudosa interpretación de la Constitución que el periodista Danilo Arbilla ha calificado de “constitucionalismo mágico”.
¿Qué llevó a Venezuela, con un PIB de $316 mil millones, a volverse tan dependiente de Cuba, un país con un PIB de $60 mil millones? Se me ocurren tres razones principales:
Primero, por razones psicológicas y emocionales. Según me contó hace unos años el ex mentor y ministro del interior de Chávez, Luis Miquilena, Chávez quedó fascinado con Castro desde el momento en que lo conoció —inesperadamente— en 1994.
En ese momento, Chávez era un ex militar de 40 años recién liberado de la cárcel tras su fracasado intento de golpe de 1992, y estaba viviendo en la casa de Miquilena. Su anfitrión lo había invitado a viajar a Cuba para reunirse con Fidel Castro, pero —al enterarse de que Castro no podría verlos en las fechas planeadas — decidió enviar a Chávez solo para que conociera la isla.
Pero para enorme sorpresa de Chávez, cuando aterrizó en La Habana lo esperaba al pie del avión el mismísimo Castro. Desde entonces, Castro se convirtió la figura paterna, gurú político y consejero todo terreno de Chávez.

























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