Como capitán de este barco a la deriva llamado Florida, al gobernador Rick Scott se le puede criticar hasta la forma en que respira. La ciudadanía lo repele por sus políticas y personalidad. Tanto es así que una mayoría en el Partido Republicano quisiera verlo salir con maletas de Tallahassee apenas culmine su caótica gestión que recién va a mitad del camino.
Hay, sin embargo, una faceta de Scott que no puede ser cuestionada, sino más bien estimada. Es un hombre que cree en su filosofía política y le es fiel a su ideología, aunque el resultado sea pernicioso para un amplio sector de la población. De cierto modo, salvando las distancias, me recuerda al jovial senador Marco Rubio, quien indudablemente practica –y encarna- los valores que predica.
Dicho de una manera más simple, Rick Scott es Rick Scott y Marco Rubio es Marco Rubio. Pero, ¿quién es Charlie Crist?
Osaría adivinar el acertijo tomando prestada una expresión popular que, en una de sus versiones, expone: “Ni si, ni no, sino todo lo contrario; que no es lo mismo pero sí es igual”.
El ex gobernador republicado, tornado independiente para aspirar al Senado, brincó de afiliación al Partido Demócrata, y ofreció la primicia en Tweeter ni más ni menos que durante la recepción de Navidad en la Casa Blanca y en la excelente compañía del presidente de Estados Unidos ¡Vaya show!
Empeño y perseverancia le sobran; ahora tiene en la mirilla la candidatura demócrata para regresar al hogar que abandonó por ambicioso: la gobernación de la Florida.
“Todo el mundo comete errores en la vida”, declaró Crist el día que presentó el formulario de afiliación en el Departamento de Elecciones del Condado Pinellas. “Pero creo que mientras más viejo te haces, más sabio te conviertes y he aprendido mucho; he aprendido cada día; la vida es un aprendizaje, y uno simplemente intenta acertar”.
Por lo visto intenta acertar qué quieren escuchar los grupos a los cuales se dirige, para dar voz a sus pensamientos y establecer una empatía mágica que le gana un aluvión de admiradores, pese a sus múltiples caretas. Como buen camaleón, sabe cambiar de color según las circunstancias.
En el proceso de camuflaje, no obstante, cambia sus valores y principios, tendencia que pone en tela de juicio su autenticidad. He ahí su talón de Aquiles.
Por ejemplo, desde que se enfiló en el pelotón de los demócratas, y tras la masacre escolar en Connecticut, Crist ha expresado su apoyo al control y restricción de armas, así como a la prohibición de los misiles de asalto. Sin embargo, a lo largo de su vida fue adalid de los derechos a portar armas, y por eso recibió el patrocinio de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) que pretende armar hasta a los guardias de las escuelas. Apenas hace dos años, en la contienda por el Senado, este cazador de venados arremetió contra Rubio por abogar por un período de verificación de antecedentes de los compradores.
Durante su gobierno, promulgó una ley estatal que dio luz verde a personas con permisos de tenencia de armas para llevarlas al trabajo, siempre que las dejaran guardadas en sus automóviles, enfureciendo a los gremios de empresarios por el peligro que representa. La prensa confrontó recientemente a Crist y él se justificó: “Tuvimos una llamada de alerta”.


























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