Con exuberante vegetación y un campo de golf de renombre internacional, el territorio de 15 millas cuadradas en el noroeste del Condado Miami-Dade llamado Doral, se incorporó como una nueva ciudad en junio del 2003.
Pero no ha sido hasta este último mes en que se ha incorporado al folklore del Condado Miami-Dade.
Altercados, insultos, venganzas, acusaciones, despidos, renuncias, alegatos de irregularidades, forman la extensa lista del cuadro melodramático a la orden del día desde que el millonario empresario Luigi Boria tomó las riendas de la alcaldía municipal con promesas de una transición estable del gobierno anterior.
Estos notorios acontecimientos, divulgados con lujo de detalles por mis colegas Enrique Flor y Melissa Sánchez , le han dado a Doral – y a las familias asentadas allí apostando por un apacible estilo de vida – una cálida bienvenida al sur de la Florida y, en particular, al ámbito de la turbulenta política local.
Los ataques y la inestabilidad en la administración municipal – en poco más de un mes, han desfilado por el suntuoso ayuntamiento tres administradores – amenazan con arruinar la prolífica reputación de este municipio como una de las mejores ciudades de la Florida para establecer negocios y disfrutar de una alta calidad de vida suburbana con excelente infraestructura.
En momentos en que se avecina una nueva ola de venezolanos ahuyentados por el giro autoritario más manifiesto del gobierno bolivariano, numerosas familias pudieran optar por “westonzuela” en lugar de “doralzuela”, desviando el repunte de recolección tributaria que esperan las autoridades de Doral, incluso a sabiendas que Boria ha hecho historia como el primer alcalde venezolano de la Florida.
A lo largo y ancho de la península, ciudades se han declarado en quiebra y de sus entrañas han brotado escándalos; Miami, Hialeah y Miami Beach lucen los ejemplos más fidedignos, aunque varios municipios del Condado Broward se esfuerzan por disputarles la supremacía en esta indigna esfera.
Doral, por el contrario, con un sazonado presupuesto de $58 millones para gobernar a menos de 50,000 habitantes, logró esquivar los efectos negativos de la crisis y velar por la transparencia gubernamental. Ahora se bambolea, sacudida y azotada por un martilleo político innecesario.
Al igual que el resto de los aspirantes al trono de alcalde, Boria dio su palabra para convencer a los votantes de que el cambio de mando no tendría nada que envidiar al del Palacio de Buckingham. Sin embargo, el grupo de relevo ha marchado al compás de una banda sonora de melodías desafinadas y disonantes.
El nuevo gobierno se bautiza con la renuncia de la administradora Yvonne Soler, debido a que la nueva vicealcaldesa, Sandra Ruiz, de regreso a la arena política en el municipio, había tenido fricciones irreconciliables con ella y otros empleados del ayuntamiento. Seguidamente, el ex alcalde de Miami Joe Carollo, amigo y asesor de Boria, le sugiere contratar al veterano funcionario de gobiernos y organismos locales, Merrett Stierheim, como administrador municipal interino, para asegurar (¡qué eufemismo!) la estabilidad en la transición. Sin informar al alcalde ni a los concejales, Stierheim despide de un cantazo, por sospechadas irregularidades, al jefe del Departamento de Policía, Ricardo Gómez, quien denuncia una vendetta política.
Súbitamente, Stierheim abandona el cargo al sentirse marginado del proceso de evaluación para contratar a su sustituto. Carollo lo remplaza y se desata un férvido enfrentamiento público entre ambos teñido de un tinte de racismo. Acto seguido, el polémico ex jefe del Departamento de Policía de Miami, Miguel Exposito, aliado de Carollo en un previo esfuerzo conjunto por exterminar la plaga del juego ilegal en la Ciudad de Miami, se postula para nuevo jefe policial de Doral. Se especula sobre su nombramiento y retira la candidatura.
Ese es el rocoso rumbo que ha tomado el enclave más importante de venezolanos en Estados Unidos.
Boria – y Doral – han catapultado a la escena política internacional precisamente por él ser el primer alcalde venezolano de la Florida, poniendo el cuño a la presencia del exilio venezolano, el cual recién se abre camino en la política y los asuntos cívicos del sur de la Florida.
Ante el destino cada vez más trágico que, para el dolor de muchos, se perfila en el horizonte de Venezuela, es imprescindible que “doralzuela” dé el ejemplo ideal de lo que anhelamos para el país de nuestras raíces.


























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