Hasib Kuric, un inmigrante de Bosnia y desamparado, tiene un acuerdo con el dueño de la gasolinera Exxon en la South State Road 7 (Carretera Estatal Sur 7): Kuric puede dormir allí en un camión de U-Haul si vigila el lugar.
Justo antes de la medianoche del lunes, Kuric trató de cumplir su parte del acuerdo y alertar al dependiente sobre un par de hombres enmascarados que vio junto a la tienda de la gasolinera de Hollywood. Pero antes de que pudiera decirle al dependiente que tuviera cuidado, uno de los ladrones en potencia empezó a dispararle a Kuric en los pasillo de la tienda y el dependiente estaba respondiendo a los tiros desde detrás del mostrador con su propia pistola.
El hombre armado murió, de un tiro en el rostro disparado por el dependiente Leonard Carr. Kuric, milagrosamente, salió ileso.
Él me salvó la vida, dijo Kuric el martes, sentado bajo un árbol cerca de la tienda, tratando todavía de procesar lo ocurrido la noche anterior. Ahora somos hermanos. Ambos volvimos a nacer el mismo día.
Carr, de 45 años, vecino de Miami, dijo el martes que estaba demasiado impresionado para hablar sobre el incidente.
En la noche del martes, la policía no había dado todavía a conocer el nombre del hombre armado que murió. El otro sospechosos, Joshua Stuart, de 19 años, vecino de Hollywood, fue arrestado a un par de cuadras de la gasolinera. Fue acusado de robo a mano armada, intento de asesinato y homicidio de segundo grado (por la muerte de su cómplice).
Se hicieron muchos disparos, dijo el sargento Pablo Vanegas del Departamento de Policía de Hollywood. El dependiente sí que se portó a la altura de las circunstancias.
Kuric, de 46 años, dijo que él notó por primera vez a los dos atacantes cuando estaba apilando ramas al costado de la tienda. Les preguntó qué estaban haciendo, y uno de ellos le dijo que tenía que ir al baño de la tienda. Sospechando que algo se traían entre manos, Kuric entró a la tienda para alertar a Carr.
Le dije: Cierra la puerta, llama a la policía, me parece que están a punto de que te roben , recordó Kuric en la tarde del martes.
Pero cuando Kuric entró a la tienda, los dos atacantes entraron pisándole los talones. Y entonces uno de ellos empezó a dispararle a Kuric por entre las botellas de refresco y agua en las estanterías de la tienda.
Él dijo: Nunca más vas a poder hacer eso , dijo Kuric, lo cual cree que se refería a su intento de alertar al dependiente. Él me disparó tres veces. El iba a matarme.
Mientras él contaba su historia el martes, Carmelo Miranda, un vecino, vino a estrechar la mano de Kuric.
Bien hecho, mi socio, dijo Miranda. Me alegro de que ninguno de los buenos sufrió heridas.
El dueño de la tienda, Bhagwandath Ramnarine, dijo que invirtió en cámaras de seguridad y puertas que se cierran automáticamente y tienen que ser abiertas por el dependiente, pero que nada es suficiente.
Nosotros tratamos de ponérsela difícil, dijo Ramnarine, y afirmó que él tenía la suerte de contar con un par de ojos adicional vigilando su tienda. El (Kuric) es un buen centinela.






























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