Bernadette Pardo

En Politica

BERNADETTE PARDO: Tallahassee y los perros

 

bpardollada@yahoo.com

Pobre Reagan. No me refiero al fallecido presidente sino al perro adoptado por nuestro gobernador Rick Scott hace tres años, cuando se encontraba en plena campaña electoral. En aquellos tiempos, como decía mi abuela, Scott rescató un bello labrador de la perrera municipal, se lo llevó a casa bajo los focos de las cámaras de televisión y le puso el apellido irlandés del líder republicano más carismático de todos los tiempos.

El Presidente Ronald Reagan duró ocho años en la Casa Blanca y nadie lo olvida. El labrador Reagan duró lo que un merengue en la puerta de un colegio en la mansión del gobernador en Tallahassee. El can color chocolate cuyo rescate anunció Scott a bombo y platillo en Facebook y las redes sociales desapareció sin pena ni gloria en poco tiempo. Ahora nos enteramos por los periódicos que una de las primeras decisiones ejecutivas del flamante gobernador fue ordenar el regreso del labrador Reagan a la perrera municipal porque según explicó su dueño, ladraba incontrolablemente cada vez que veía una cámara de televisión.

Yo habría recomendado al gobernador adoptar a una gata como la mía, callada elegante y altiva; blanca y de ojos azules, republicana de buen ver y buen comer felina, una gata fotogénica que adora las cámaras y detesta a los perros, sobre todo a los que ladran.

Ya que no adoptó gata sino perro, algún fiel escudero debió haberle dicho al gobernador aquello de que ladran -querido Scott- señal de que cabalgamos o que perro que ladra no muerde o al manos eso de que mientras más conozco a la gente más quiero a mi perro. Por desgracia no tuvo en cuenta los viejos adagios sobre la naturaleza del mejor amigo del hombre.

Aunque es probable que si se lo hubieran dicho, Scott lo habría ignorado porque en sus primeros tres años ejerciendo el cargo el gobernador no había montado esa campaña que ahora tiene para escuchar lo que dicen los demás, algo revolucionario en su corta vida política. Digo yo que ese no escuchar explica que a Scott no le tembló la mano cuando deportó para siempre al pobre Reagan, como si se tratara de un inmigrante indocumentado a los que persigue con fervor xenofóbico y no de un perro de pura raza con todos sus papeles y entrenado en el rescate como si fuera el perro faldero de la reina de Inglaterra.

Pero no todo es negativo porque eso de Scott de pensar que se puede devolver todo lo que no nos gusta o no funciona como queremos tiene su encanto. Sobre todo si se lo aplicáramos a la jauría de los 160 legisladores estatales sueltos y sin vacunar que están a punto de congregarse en Tallahassee con el firme propósito de hacer lo menos posible por resolver los problemas que ellos mismos han creado, como la crisis del costo de los seguros que amenaza las economías de los condados que más aportan a las arcas estatales o el desastre electoral de noviembre que nos hizo quedar a los floridanos como perros en misa.

Las encuestas dicen que el propio Scott parece que va a seguir los pasos del pobre Reagan y tendrá que irse de la mansión del gobernador porque no ha dado pie con bola desde que llego a Tallahassee como Top Dog. El super-empresario Scott que nos vendió que iba a crear 700 mil nuevos empleos se ha quedado muy corto en el cálculo e incluso rechazó a ladridos miles de trabajos garantizados con fondos federales como el proyecto para un tren rápido. Y las sucesivas mordidas al presupuesto estatal han eliminado miles de trabajos en el sector público. El ágil can que se hizo millonario en la industria de hospitales con los fondos federales del Medicare ha actuado como un avestruz ante la inminente realidad del nuevo sistema de acceso a cobertura médica que podría cambiar la vida de millones de floridanos.

Las mascotas nos enseñan mucho. Nos muestran, por ejemplo, que no se debe de morder la mano que da de comer o que es conveniente mirar y medir antes de saltar, nos educan a amar incondicionalmente y a ser felices con las cosas sencillas como un rayo de luz o una pelota. Pobre gobernador Scott que busca la reelección y se ha quedado sin perro que le dé lametadas de cariño justo cuando más lo necesita.

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