MONTEVIDEO -- La venta de un tradicional cine céntrico de Montevideo a una iglesia pentecostal generó una campaña ciudadana para recuperar el complejo cultural, uno más que se suma a la tendencia de que las viejas salas se conviertan en supermercados, centros de culto o depósitos.
Ubicado en el kilómetro cero de la capital, sobre la plaza de Cagancha, el Gran Cine Plaza fue inaugurado en 1950 con una sala de 2,200 butacas, junto a otro menor, el Central, que contaba con 800 plazas.
Aunque el edificio mantiene el antiguo rótulo de “cine” en su fachada, con la crisis de las salas céntricas por el surgimiento de las pequeñas de los centros comerciales, en los últimos años el recinto se había transformado en el escenario de conciertos de artistas nacionales y extranjeros.
Convertida en la sala techada de espectáculos más grande de Montevideo, el Plaza recibió a artistas como Ray Charles, Louis Armstrong, B.B. King, David Byrne, Simply Red, Caetano Veloso, Charly García, Café Tacvba o Jorge Drexler, entre otros.
Aunque hacía meses que se rumoreaba que el complejo sería vendido porque no era rentable, la difusión la semana pasada de que fue adquirido por la iglesia pentecostal Dios es Amor, cuya sede central está en Brasil, generó alarma en sectores culturales y empresariales de Uruguay.
“La venta del Plaza es la gota que colma el vaso”, aseguró el sociólogo Gustavo Leal, quien lanzó en internet una petición para expropiar el cine, que en una semana reunió más de 10,300 firmas, entre las cuales las de los principales artistas del país y políticos como el exintendente de Montevideo Mariano Arana.
Para Leal, la venta “es un corolario de un conjunto de situaciones que se han ido generando en los últimos años en la ciudad, que implican el desplazamiento casi total de lugares emblemáticos, cines y teatros, que durante décadas conformaron la identidad cultural de Montevideo para desplazarse a otros rubros: desde garajes, depósitos, estacionamientos, tiendas o iglesias”.
Las autoridades municipales y del Ministerio de Educación y Cultura manifestaron su preocupación por la pérdida de la sala, pero ambos organismos aseguraron que no tenían el dinero necesario para la compra, reforma y gestión del complejo por sí solos.
Leal propuso entonces que se expropie y se conforme un consorcio público y privado para la eventual gestión del lugar. “Hay privados interesados en poner el 40% ó 60% de los fondos necesarios. Pero se necesita una señal pública de que es importante una apuesta a esto”, sostuvo el sociólogo, recordando que sería una señal importante en el año en que Montevideo es Capital Cultural Iberoamericana.
El sector empresarial, en tanto, lamentó la pérdida de una nueva sala céntrica pero sostuvo que hay que respetar los contratos.
“Que el centro de Montevideo pierda esa sala, o se desnaturalice su origen, nos duele. El centro es el territorio donde existen las salas de teatro más importantes del país y ésta era una de ellas”, afirmó Nelson Gagliardi, presidente del Grupo Centro, asociación que aglutina a unas 500 empresas.




























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