Cuba

El cólera enfermedad de los más pobres, puede matar en solo horas

 
 

Residentes de  La Habana lavan sus manos con desinfectante como medida de precaución contra el cólera antes de tomar un autobús en la capital cubana.
Residentes de La Habana lavan sus manos con desinfectante como medida de precaución contra el cólera antes de tomar un autobús en la capital cubana.
Franklin Reyes / AP

Agence France Presse

El cólera, que por primera vez en 100 años ha aparecido en La Habana, es una enfermedad altamente contagiosa que puede matar en algunas horas, pero que sigue siendo ante todo la plaga de los más pobres, además de una señal de miseria y subdesarrollo.

Originaria de Asia, la enfermedad se extendió a partir del siglo XIX a Europa, África y América. Además, persiste en estado latente en un centenar de países.

Medidas de higiene sumamente estrictas, así como el suministro de agua potable, se presentan en la práctica como los mejores medios para frenar, más o menos rápidamente, la progresión de la epidemia.

La propagación del cólera se ve favorecida por los movimientos de población, los fallos o ausencia de redes sanitarias (falta de agua potable, desagües, letrinas), la mala higiene (tanto de las manos como de los alimentos) y una inadecuada atención a los infectados.

Este tipo de condiciones suelen aparecer tras catástrofes naturales, como ocurrió después el seísmo que azotó a Haití el 12 de enero de 2010 y que dejó a decenas de miles de personas sin techo, sobreviviendo en campamentos improvisados y sin acondicionar.

El agente del cólera, el Vibrion cholerae, es una bacteria minúscula en forma de coma que se transmite por vía digestiva, por la ingestión de agua, de bebidas o de alimentos contaminados a través de manos sucias o de material contaminado.

Tras una corta incubación, de dos a cinco días, la enfermedad comienza brutalmente con violentas diarreas que deshidratan al organismo. Si no se proporcionan los cuidados inmediatos, que implican, en primer lugar, una rehidratación, esta pérdida gravísima de líquidos (un enfermo puede perder el 10 por ciento de su peso en cuatro horas) es frecuentemente mortal.

Por otro lado, la eficacia de las vacunas disponibles está lejos de ser absoluta y no exime de respetar las extremas medidas higiénicas. La batalla contra una epidemia de estas características pasa también por la criba y separación de los enfermos para poder poner en marcha verdaderos cordones sanitarios y tratar de frenar así la propagación de la cepa de región a región e, incluso, de país a país.

La cantidad de casos de cólera registrados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no deja de aumentar, con de entre 3 a 5 millones de casos por año y de 100.000 a 120.000 muertes, según datos de 2010.

Entre el 2004 y el 2008, el aumento de los casos fue del 24 por ciento en relación con el periodo 2000-2004, de acuerdo con la OMS.

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