Cuando lo vieron llegar a lo lejos, un fanático levantó el brazo, señaló al inicio del camino y gritó: señores, llegó el que faltaba.
El que faltaba no era otro que Yoenis Céspedes, uno de los tantos peloteros cubanos que el sábado regaló a cientos de fanáticos un poco de alegría al tomar parte en un juego de softball en el Bucky Dent Park, en Hialeah, contra veteranos de las Grandes Ligas y la pelota cubana en general, y miembros de la prensa en el sur de la Florida que hicieron cuanto pudieron para sobrevivir la dura prueba.
Pero el regalo mayor de Céspedes vendría en su tercer turno al bate, cuando sacó una bola del parque con ese mismo swing majestuoso con el cual pegó 23 jonrones e impulsó 82 carreras con los Atléticos de Oakland. Luego de recorrer las almohadillas, el jardinero le lanzó un beso al público, que se paró en las gradas para aplaudir a uno de los mayores ídolos del momento.
La gente ha sido súper cálida conmigo y ni se diga la gente de Miami, por eso cuando me hablaron de venir a jugar este sábado no lo pensé dos veces, dijo el pelotero de 26 años. Esta ha sido una gran oportunidad para sentirme en casa. Muchos peloteros latinos van a sus países. Nosotros tenemos a los cubanos de esta zona. Así que el cariño siempre es bienvenido.
Junto a Céspedes alinearon peloteros como Adeiny Hechavarría, el nuevo torpedero de los Marlins, y Kenen Bailli, promesa de los Azulejos de Toronto. Los veteranos, por su parte, y los aventurados miembros de la prensa, contaron con la presencia de Orlando El Duque Hernández y Edilberto Oropeza. El choque finalizó 19-9 a favor de las estrellas.
Aquí el resultado era lo menos importante.
Los grandes ganadores fueron los aficionados, que no dejaron de apreciar a los jugadores y vieron como sus pelotas eran firmadas y sus reclamos de fotos complacidos. Los fanáticos vivieron momentos de sonrisa, como cuando a El Duque en la segunda base- se le fue una bola entre las piernas y el anunciador oficial decretó hit. Un instante después, El Duque se lanzó a tierra en pos de una conexión difícil y el mismo anunciador pronunció error. La cara de El Duque era un poema.
Otra visión inolvidable fue la de una leyenda de los Industriales, Agustín Marquetti, ofreciéndole un consejo para mejorar el swing a Céspedes. El patrullero de Oakland siguió atento, lleno de respeto, las palabras del veterano que eligió a Miami como residencia permanente- y antes de irse le agradeció con un gracias, maestro, lo tendré en cuenta.
Después del último out, los jugadores permanecieron en el terreno y atendieron a todos. Para ellos se trata de una especie de despedida, porque los campamentos de primavera están a la vuelta de la esquina y la responsabilidad de la temporada de Grandes Ligas los mantendrá alejados del público de Miami, salvo el caso de Hechavarría, quien no cabe dentro de la ropa desde que Toronto lo envió a los Marlins.
No sabes lo feliz que estoy porque ahora tendré calor ambiental, pero sobre todo calor humano todo el año, afirmó el santiaguero. En Toronto el frío no es fácil, pero la ausencia de tu gente es peor. Aquí voy a sudar con alegría. Me duele la mano de tanto saludo, pero ese es un dolor que llena el alma. A la gente de Hialeah y Miami sólo le dijo gracias.


























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