Una voz cubanoamericana se escuchará en investidura de Obama

 

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Geysa Blanco pensó que era una broma de su hijo.

“Me dijo: ‘Mami, tengo una noticia que darte’”, contó Geysa sobre la llamada telefónica hace un par de semanas. “Y entre su inglés y su español me dijo que lo habían elegido para escribir y leer un poema en la juramentación del Presidente”.

Pero Richard Blanco hablaba en serio. El comité encargado de organizar la toma de posesión del presidente Barack Obama escogió al ingeniero y escritor cubanoamericano de 44 años para declamar un poema original durante la ceremonia del lunes.

“Me tomó como 10 minutos recordar como se decía inauguration en español”, afirmó Richard, en entrevista telefónica desde Washington D.C. “Al final le dije: Mami, voy a leer para el Presidente, y me dijo: ‘Mentira’”.

El lunes, Richard pasará a la historia de los Estados Unidos como el primer poeta hispano y abiertamente homosexual que participa en la juramentación presidencial. También se convertirá en apenas el quinto poeta y el más joven de una exclusiva lista de escritores que han declamado durante una toma de posesión.

El primero fue Robert Frost, quien en 1961 compuso un poema para la ceremonia de asunción de John F. Kennedy. Luego en 1993, Bill Clinton escogió a la escritora afroamericana Maya Angelou. Siguieron Miller Williams, para la segunda juramentación de Clinton, y Elizabeth Alexander para la primera ceremonia de Obama.

En una declaración, Obama aseguró que el trabajo de Richard representará “la gran fortaleza y diversidad del pueblo americano”.

Esa diversidad y fortaleza podrían reflejarse en la historia de la madre del poeta.

“Ella es una mujer muy valiente y ha trabajado muy duro toda su vida por mi hermano y por mi”, declaró Richard.

Durante una entrevista en su casa de Westchester, Geysa confesó que aún le parece increíble que una mujer que creció en Hormiguero, un ingenio azucarero en Cienfuegos, Cuba, estará parada hoy lunes frente al Capitolio nacional, mirando a su hijo declamar para el Presidente de EEUU.

“Cuando me dio la noticia, Richard me dijo que quizás me querrían entrevistar de la televisión y el periódico”, contó Geysa sentada en el comedor de su cocina. “Y le dije: ‘¿a mí, para qué?”.

En efecto, al día siguiente las cámaras de la televisión local estaban en su jardín y desde entonces la orgullosa madre ha ofrecido varias entrevistas.

Geysa, de 75 años, se ha convertido en una celebridad entre sus vecinos, amigos y clientes del Regions Bank, en Bird Road, donde ha trabajado por más de 30 años.

“Estoy muy agradecido por todo el amor que le han brindado a mi familia en casa”, indicó Richard. “Y cuando digo ‘casa’, hablo de Miami. Tengo muchas ganas de ir y hablar con todos los que me han llamado y expresado su apoyo”.

Geysa era maestra en Cuba antes de exilarse en Madrid, España, en 1968, con Richard en su vientre y junto a su esposo Carlos Blanco (fallecido), y su hijo mayor Carlos.

“Decidimos irnos porque el sistema [cubano] se volvía cada vez más difícil”, relató. “Pero fue muy doloroso para mí porque dejé a mi madre y hermanos allá, prácticamente estaba sola y llegamos a España sin nada”.

A los cinco meses se mudaron a Nueva York a un apartamento que la familia compartía con los padres de Carlos Blanco.

Desde entonces, Geysa notó en su hijo las ganas de explorar sus raíces, una gran atención por los detalles y su buena memoria.

“Siempre hacía preguntas sobre Cuba, sobre la familia que dejamos allá”, recordó.

De hecho, Richard hablaba sobre la abuela materna que nunca conoció y preguntaba cuándo iba a visitar a “mamita”, el nombre que escuchaba que su mamá usaba al referirse a ella.

Durante esos años en Nueva York, Geysa trabajaba en una factoría. Algunas mañanas, mientras caminaba al trabajo, pensaba en el esfuerzo de sus padres.

“Recordaba todo lo que pasaron para enviarme a otra ciudad a estudiar, y aquí no podía ejercer mi carrera”, señaló Geysa.

Cuando Richard tenía unos 5 años y Carlos 11, la familia se mudó a Miami. Geysa trabajó en un supermercado de un familiar y más tarde consiguió empleo en un banco.

“Vivíamos tres generaciones en la casa, los padres de mi esposo, mi esposo y yo, y Carlos y Richard”, contó Geysa. “A veces era difícil porque los abuelos no se acostumbraban a la modernidad de los muchachos”.

Un año, durante una celebración del Día de Acción de Gracias, Richard pidió que se cocinara pavo además del pernil asado que la familia solía cocinar. El pavo de la abuela quedó tan seco que tuvieron que comerlo con el caldo del cerdo asado. Años más tarde, Richard plasmó ese recuerdo en uno de los poemas de su primer libro, City of a Hundred Fires ( La ciudad de Cienfuegos, en español).

“Como me gustaría que su papá y sus abuelos estuvieran vivos ahora para disfrutar este momento”, apuntó Geysa. “Toda la familia aquí y en Cuba está muy contenta”.

Luego de que murieran los abuelos y el padre, y Carlos formara su familia, Geysa y Richard compartieron la casa de Westchester. Richard se graduó de ingeniero civil en la Universidad Internacional de la Florida y más tarde se mudó a Miami Beach.

Tras su graduación, Geysa llevó a su hijo a Cuba para conocer a los primos, tías y tíos de los cuentos de su madre.

“Todos pensaban que no iba a hablar español y que se iba a sentir incomodo”, recordó Geysa. “Pero se sorprendieron porque él sacó yuca en el campo, se bañó en los canales y bailó muchísimo, como uno más”.

“Creo que fue allí donde le picó el bichito de escribir sobre sus raíces”, agregó.

Los poemas de Richard se centran en la exploración de los orígenes, su experiencia como inmigrante y, su identidad homosexual en su libro más reciente, Looking for the Gulf Motel ( Buscando el Motel Gulf, en español).

Para Geysa, es difícil hablar sobre la homosexualidad de Richard.

“Somos generaciones distintas y hay cosas que toman tiempo en entender”, indicó. “Es mi hijo, lo acepto como es, lo quiero y estoy orgullosa de él”.

Actualmente, Richard vive en Maine con su pareja, Mark Neveu. Ha residido en Nueva York y West Virginia y ha dado cursos de Literatura en las prestigiosas universidades de Georgetown y American. Geysa lo ha visitado en todos estos lugares.

“Imagínate, ahora me voy de vacaciones con mi hijo”, contó Geysa. “En Cuba sólo íbamos a la playa”.

Recientemente, Geysa se compró un par de botas en preparación para ver a su hijo declamar ante el mundo en Washington, D.C. Dijo que quiere protegerse del frío porque está más acostumbrada al calor de una isla y al de Miami.

¿Entonces, cómo pasó cinco inviernos en Nueva York?

“Uno se adapta, se acostumbra, combina lo mejor de sus costumbres con las del país que lo acogió”, declaró Geysa.

Es por eso que cuando celebraron el Día de Acción de Gracias el año pasado, Geysa cocinó pavo. Tras años de experiencia, la técnica ha mejorado, y no hubo que remojarlo con la salsa del pernil.

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