No existe una figura que gravite más en la Historia de Cuba que José Martí. La República le levantó un altar, ante el cual le rindieron culto políticos, intelectuales y artistas. El castrismo lo designó autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, lo colocó junto a Marx, Engels y Lenin, y espulgó su obra en busca de aval, muleta y ornamento….
Grande también ha sido el impacto de su nombre e imagen en el ámbito de las historias de vida y la cultura popular: la verbena martiana, la canastilla martiana, la cena martiana, el busto ubicuo, el rincón martiano, el teatro Martí, la calle y parque Martí de tantos pueblos de la isla, las frases sentenciosas (al estilo de “Ser cultos para ser libres”), los versos sencillos, La niña de Guatemala, Los zapaticos de rosa, los cantos escolares (“La calle de Paula quiere florecer…”), los desfiles del 28 de enero, el billete de un peso, Santo de América, el Apóstol, el Maestro, las portadas de Bohemia y Carteles, la Fragua Martiana, La Rosa Blanca del Indio Fernández, la Plaza Cívica, “Como lo soñó Martí” en la voz de Orlando Vallejo, la Plaza de la Revolución, el serial “En silencio ha tenido que ser”, los poemas de Martí cantados por Amaury Pérez, Páginas del Diario de José Martí, de José Massip, el humor popular de “Viví en el monstruo y cómo se le extraña”, las Obras Completas en 26 volúmenes del Centro de Estudios Martianos, las jornadas martianas, El ojo del canario, de Fernando Pérez, Radio Martí… No, Martí no debió de morir.
Una obra literaria impresionante (novela, ensayo, poesía, oratoria, periodismo…) a sus 42 años, el Partido Revolucionario Cubano, la guerra de independencia de 1895 y una muerte heroica de cara al sol. Sin embargo, a 160 años de su nacimiento —28 de enero de 1853—, cabe preguntarse: ¿tiene vigencia su ideario, su ejemplo? ¿Nos sirve aún José Martí como inspiración? ¿Cuál sería su lugar en una Cuba democrática? ¿Cuál es, en fin, el legado de José Martí?
Cinco intelectuales cubanos responden a estas preguntas.
JOSE MARTÍ: ADELANTADO A SU TIEMPO
José Martí fue un hombre superior y multifacético. Profesores, periodistas, prosistas, poetas, críticos literarios, traductores y políticos por igual reclaman para sus respectivos campos su mayor grandeza.
Su legado más significativo, a mi juicio, es como poeta, si consideramos no solamente los versos que escribió —contribución clave al modernismo— sino su actitud vital, su capacidad de imaginar el futuro. Recordemos que en la antigüedad se denominaba a los poetas, vates, es decir, adivinadores.
Martí previó la necesidad de sus compatriotas de nutrirse de un mito fundacional. Cada acto de su vida y su propia muerte apuntan a la creación consciente de ese mito. Durante el último medio siglo los cubanos hemos vivido dolorosamente divididos, pero pese a lecturas contradictorias y a menudos falsificadores, todos coincidimos en honrar al Apóstol.
Martí supo asimismo presagiar la integridad latinoamericano, aún en formación en el siglo XXI. Su periodismo es el mejor testimonio de su creencia en un diálogo Norte-Sur. El universalismo de sus temas y su talente cosmopolita se adelantan a la globalización de la que hoy somos testigos.





























Mi Yahoo