El arquitecto Raúl Alvarez se presentó en una de las salas del Teatro Tower, que se colmó más allá de su capacidad con gente de pie en los pasillos y personas sentadas en el piso, para escucharlo hablar de la arquitectura cubana de 1950 a 1959.
Fue en el programa de la doctora Mercedes Sandoval Dos orillas del Miami Dade College, que mostró en pantalla las maravillosas vistas de edificios habaneros a la concurrencia, en la que había algunos de los arquitectos que las fabricaron y antiguos propietarios y sus descendientes.
La más importante para Alvarez fue la Residencia Schulthess su primera obra apenas graduado de la universidad. Los planos originales eran de Richard Neutra, para una casa toda de madera, tanto la estructura como las paredes. “Pero el clima de Cuba la hubiera destruido con el tiempo”, dijo Alvarez. “Por lo que hicimos nuevos planos en los que se tradujo la pulgada al centímetro, y la madera al concreto reforzado”.
Las superficies recibieron un tratamiento de contrastes y las maderas usadas en las puertas eran densas y resistentes, dijo. Alfred de Schulthess era un ciudadano suizo que residía en Cuba y que tuvo suficiente dinero para dotar la propiedad de ricos materiales. Cuando Castro llegó al poder le dejó la casa a la embajada suiza en Cuba que la ha mantenido hasta hoy con pocos cambios. Fue Premio Medalla de Oro de 1958, y es aún una de las bellas mansiones en el barrio denominado antiguamente Parque y Lago del Country Club de La Habana, ahora Cubanacán.
Pero la intención del arquitecto fue también hablar del movimiento arquitectónico en general durante esa década. Para ello usó como texto el libro The Havana Guide (Princeton, 2000), de Eduardo Luis Rodríguez –a quien entrevisté cuando estuvo en Miami a fines de los años 90 y en el 2000. Este arquitecto historiador ha dado a conocer a los desmemoriados en la isla de Cuba las cuatro décadas de desarrollo urbano, de 1925 a 1965, que Alvarez calificó de experimentación y libertad artística, y que puso a Cuba a la par con Brasil, México y Europa.
“Quedó atrás lo cubano, el patio, las persianas de madera, los pórticos, las tejas y los pisos con cenefas”, dijo Alvarez. “Los techos fueron parte de la escultura en que se convirtió tanto la casa, como el hotel, el casino, el hospital y otros proyectos. Se soltaron las muletas y los bastones de la era colonial y se caminó, y hasta se corrió, con la libertad de expresión y la aventura en el diseño. Así empezó un nuevo camino de la arquitectura en Cuba”.
Algunos de los ejemplos que mostró, y de los que habló, fueron Tropicana de Max Borges, Jr.; el Antonetti Hospital de Raúl Alvarez y Henry Gutiérrez, Medalla de Oro 1960; Seguro Médico de Antonio Quintana, premio Medalla de Oro; Habana Hilton, de Welton Becket y Arroyo y Menéndez; una residencia de Sixto Navarro, Raúl Alvarez y Henry Gutiérrez, una de las primeras de arquitectura postensionada, en la que tres familias viven ahora. También mencionó el Palacio de Deportes. de Arroyo y Menéndez y Jorge Mantilla, con rampas que dejaban vaciarse el edificio con rapidez.




























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