Lo principal que debe tener en consideración toda persona que deje un negocio, una hacienda o un capital como herencia, es que a ninguno de los herederos puede importarle un comino los sacrificios que tuvo que hacer, en su vida privada o de negocios, aquel que les quiso beneficiar con el fruto de su ardua labor, su inteligencia y su constancia.
No digo con esto que el ser humano sea mal agradecido, que no sepa apreciar el regalo que sus antecesores puedan legarle; lo que quiero señalar es que triunfos, capitales, títulos y escaños alcanzados representa solo el fruto del arduo esfuerzo que realizara quien pudo lograrlos, para satisfacer su ego personal y como tal lo toman los herederos. Lo demás es cuento de caminos.
Todavía existen países en los que formar parte de una herencia representa la oportunidad y el honor de continuar el camino trazado por sus ancestros; pero en la mayoría de los que conozco, una herencia representa la oportunidad de entrar en posesión de un capital, de fácil obtención, el cual es fácil e indoloro de dilapidar.
Conozco historias de batallas intestinas por obtener el control de una herencia, que han tenido el poder de destruir a familias muy unidas, por lo menos en apariencia. También conozco de herencias que han tenido el efecto de salvar, a parte de sus integrantes, del flagelo de las drogas y del alcoholismo. Todo está en cómo se efectúe la transferencia del capital.
En mi ya larga carrera, como agente inmobiliario, he tenido la oportunidad de conocer acerca de historias que nada más de ser escuchadas, horripilarían al más temerario de los mortales. Sin embargo he escuchado otras que son toda una inspiración.
Para algunos, dejar una herencia bien escrita y definida representa la tranquilidad de que su voluntad se va a cumplir a cabalidad; para otros es sólo la forma más inteligente de evitar futuras fracturas familiares.
Es mi criterio que la mejor forma de asegurarse de que quienes estén destinados a disfrutar de una herencia hagan uso inteligente de la misma, resulta vincularlos a la actividad principal generadora del patrimonio familiar. Si existe más de una actividad importante a contemplar, se debe interesar directamente a determinados futuros herederos, en aquellas que resulten del interés particular de los mismos.
Recuerdo a un cliente que empleó la mayor parte de lo que iba a representar su herencia, en comprar tres edificios de apartamentos muy similares, para legarlos a sus hijos. Finalizado el cierre dijo: “Por lo menos ahora puedo morir tranquilo, pues sé que primero tienen que vender los edificios para luego gastarse la plata; y es probable que durante ese período de tiempo, consideren adecuadamente lo que más les convenga hacer”.
El dinero no compra almas ni tuerce destinos indefinidamente. El dinero ayuda, pero no decide. El dinero afecta, pero no transforma la mente del humano. Aquel que pretenda comprar eternamente la voluntad y la lealtad de otras personas con dádivas, a la larga perderá su tiempo y su capital. He ahí el libre albedrío que Dios nos regaló.
Sea feliz, comprensivo, permita que cada cual viva su propia vida, y goce la suya intensamente.
J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración’’. tony@ruanobrokers.com



























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