Estados Unidos

La solidaridad primó entre los viajeros del Carnival Triumph

 
 

UNA IMAGEN de las carpas improvisadas con sábanas que crearon los viajeros del crucero de Carnival en la cubierta del barco.
UNA IMAGEN de las carpas improvisadas con sábanas que crearon los viajeros del crucero de Carnival en la cubierta del barco.
Don Hoggatt / AP

AP

Cuando los motores del buque crucero dejaron de funcionar, los pasajeros a bordo del Carnival Triumph pudieron haber sido egoístas y mirar sólo por ellos mismos y sus seres queridos.

En lugar de ello, se volvieron camaradas en un empeño largo y agotador para llegar a casa.

Conforme se deterioraban las condiciones después de que se incendió un motor, viajeros formaron grupos de estudio de la Biblia, compartieron o intercambiaron provisiones preciadas e incluso permitieron la entrada a extraños a sus cabinas privadas. Mucho tiempo después de haber regresado a sus lujos cotidianos de baños calientes y bebidas frías, pasajeros dijeron que recordarán los lazos personales y con la tripulación formados durante una cruel semana en el océano.

Los cansados turistas finalmente tocaron tierra el viernes y dejaron entrever la travesía intensamente incómoda que padecieron.

Sandy Jackson, de Houston, fue afortunada al tener una habitación en un piso superior con un balcón y una briza que mantuvo fresco el aire de su cabina. Las habitaciones en niveles bajos estaban demasiado fétidas o sofocantes, así que Jackson albergó a cinco personas, incluidos cuatro extraños.

“Conocíamos a una (persona), con las otras ahora somos muy amigos”, comentó Jackson. “Todo mundo fue muy cordial al compartir provisiones. Lo que uno tenía y otros no tenían, todos compartieron lo más posible”, agregó.

Brandi Dorsett, de Sweeny, Texas, dijo que en ocasiones la gente estaba impaciente e irritable, y hubo tensión. Pero nunca se salió de control.

“La gente estaba intercambiando. ¿Puedo tener su cereal por esto? ¿Puedo tener su bebida por eso?”, explicó que ocurría. “Hubo una dama que estaba rogando por cigarrillos o pañales. No había pañales en el barco. No había leche en polvo en el barco”, señaló.

El crucero salió de Galveston, Texas, el 7 de febrero para una excursión de cuatro días a Cozumel, México. El incendio paralizó al barco a primera hora del domingo, quedando a la deriva en el Golfo de México hasta que remolcadores arrastraron la embarcación de 14 pisos hacia Mobile. Llego el jueves por la noche ante ovaciones y destellos de cámaras fotográficas y teléfonos celulares. Los pasajeros tuvieron que esperar varias horas más para desembarcar.

“¡Hogar, dulce hogar, Alabama!”, decía uno de los carteles que los pasajeros colgaron a los costados del barco, mientras muchos celebraban la llegada desde la cubierta. La sirena del buque sonó varias veces cuando cuatro remolcadores lo dejaron en la costa.

Muchas de las más de 4,200 personas a bordo fueron transportadas en autobús a Nueva Orleáns para tomar vuelos a su casa, o a Galveston, puerto sede del crucero. Y por si no hubiese sido suficiente el sufrimiento, uno de los autobuses se descompuso durante el viaje de dos horas a Nueva Orleáns. Pasajeros de otro autobús reportaron que perdieron su equipaje.

Pero eso no fue nada en comparación con la vida en el barco averiado. Joseph Alvarez dijo que para pasar el tiempo, aproximadamente 45 personas se reunieron en un salón público en el piso inferior para estudiar la Biblia.

“Fue extraordinario”, manifestó. “Regocijó nuestras almas y nos entregó la esperanza de que finalmente regresaríamos”.

Debido a que muchos pasajeros estaban durmiendo sobre la cubierta exterior, Dwayne Chapman, de Lake Charles, Louisiana, utilizó su navaja de bolsillo para cortar sogas decorativas para confeccionar tiendas de campaña con sábanas. Al principio, otros pasajeros le dijeron que pensaban que se iba a meter en problemas, pero luego todos querían que les prestara la navaja para hacer lo mismo.

“Realmente pienso que hicimos algunos amigos para toda la vida a través de esta difícil experiencia”, dijo Kim, esposa de Chapman.

Cuando todo terminó, muchos pasajeros estaban agradecidos por contar con placeres simples. Después de ingerir durante días bebidas calientes, Cheryl McIntosh y su esposo estaban alegres de ver neveras llenas de hielo.

“Lo primero que hicimos fue abrir latas de Coca-Cola dietética y beberlas”, dijo McIntosh.

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