Con casi 100 años de edad, hay muchas cosas que Oria Albarrán de Solís ya no recuerda, pero algo está intacto en su memoria: siempre amó lo que hacía.
Cuando uno hace lo que le gusta, es una maravilla, repite frecuentemente la arquitecta cubana residente en Key Biscayne. Cuando uno ama su carrera, es un gozo.
Oria fue una pionera en varios aspectos. En los años 1930, Oria fue una de las mujeres que se graduó de Arquitectura en La Universidad de La Habana. Oria inició su carrera en el Ministerio de Obras Públicas cubano. En 1960, vino a la Florida junto a su esposo, el abogado Patricio Eugenio Solís, y sus hijos pequeños, Oria María, Patricia y Eduardo. Después la familia se estableció en Washington D.C. donde Oria se abrió camino como arquitecta en un campo laboral tradicionalmente dominado por hombres. Por varios años fue supervisora de diseños de edificios para el Servicio Postal de los Estados Unidos. Más tarde formó parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y se encargaba de revisar instalaciones militares.
Oria proviene de una dinastía de arquitectos e ingenieros cubanos y, según contó, siempre supo que sería arquitecta. Sentada en el apartamento donde vive con su hija Oria María Pérez y su yerno Jaime Pérez Upegui, la nonagenaria observa fotos y reconocimientos que la ayudan a despertar los recuerdos. Entre estos mementos están un certificado de apreciación del Ejército de Estados Unidos y una colección original de postales de correo que le regaló el Postmaster General, la Navidad de1975.
Al elegir mi carrera lo hice por amor, no por el dinero que podía ganar, y esa debe ser la manera de escoger una carrera, aconsejó Oria. La gran mayoría de sus compañeros de trabajo fueron hombres, pero Oria no consideró esto un reto, comentó, sino una oportunidad para destacarse.
Me encantaba trabajar entre hombres porque eran unos caballeros y me trataban como a una plumita, apuntó Oria coquetamente. Recuerdo que cuando teníamos reuniones, los supervisores que se dirigían a nosotros decían: g entlemen and lady.
Entre las pocas colegas mujeres, estaba Solange Rangel, otra arquitecta cubana que trabajó en el antiguo edificio del Servicio Postal en la 12 calle y la avenida Pennsylvania, en Washington.
Rangel, de 75 años, se retiró hace poco más de una década, y ahora vive en Sun City Center, cerca de Tampa. Dijo que recuerda a Oria con mucha admiración, y como una de las arquitectas más destacadas de su departamento.
Cualquiera que trabajaba con Oria se beneficiaba enormemente porque era muy profesional y ética, dijo Rangel. Las primeras experiencias de Oria con planos arquitectónicos fueron cuando era una niña, sentada en las piernas de su padre, el ingeniero Eduardo Albarrán, en su oficina de La Habana.
Los sábados mi padre me llevaba con él a supervisar las construcciones y después íbamos a la oficina a revisar los planos, recordó. Para mí era tan divertido todo lo que hacía mi papá.
Según Rangel, aunque no conoció a Oria en Cuba, había escuchado sobre la familia Albarrán en la Facultad de Arquitectura.





























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