Un dia en 1971 desde la ventana de un tren en Nueva York, la cubana Helena Rodríguez Bobes vio un lugar en el que hacían letreros luminosos comerciales. La mujer se bajó y le preguntó al dueño cómo se manejaba la máquina para hacer los anuncios. Ese mismo día terminó entregando un pago inicial para comprar la máquina y poco después se mudó a Puerto Rico para abrir su propio negocio.
“El que le vendió la máquina le dijo que en Puerto Rico tendría que pagar menos impuestos y se fue para allá”, contó la doctora Grecia González, prima de Rodríguez. “Siempre tomó riesgos y siempre tuvo éxito”.
La exitosa negociante falleció en Miami el 12 de febrero a los 84 años, luego de sufrir de Parkinson por algunos años. Le sobreviven varios primos y ahijados.
En Puerto Rico su negocio la llevó a viajar por toda la isla, supervisando que las luces de los letreros de neón que fabricaba estuvieran funcionando. Entre los letreros que produjo se encuentras las pizarras de algunos estadios en la isla.
“Creo que le gustó tanto Puerto Rico porque después de vivir por años en Nueva York, se acordó que había un sol y un clima de isla”, bromeo González. “Por eso se quedó allí”.
Rodríguez se mudó de Cuba a Nueva York en 1960 poco después de quedar viuda a los 29 años. Se casó con Francisco Picasa cuando éste era aun estudiante de Medicina en La Habana. Picasa falleció apenas unos años después de graduarse de gastroenterólogo. Rodríguez nunca se volvió a casar.
Rodríguez era hija de Ricardo Rodríguez, quien falleció en 1959 y de Helena Bobes, quien murió en Miami en 1996. En Cuba la familia Rodríguez era dueña de la fábrica Cartonera Modelo. González contó que la cartonera fue uno de los primeros negocios intervenidos por el gobierno de Fidel Castro. Rodríguez y su madre de se mudaron a Nueva York un año mas tarde. Mientras aún vivía en Cuba Rodríguez estudió Negocios en la universidad católica Santo Tomas de Villanueva. Además estudiaba inglés, francés y alemán.
Antes de empezar su negocio en Puerto Rico, Rodríguez trabajó por unos siete años como representante del gobierno de Singapur ante las Naciones Unidas. Los días en que el país se abstenía de votar, era ella quien iba a pronunciar la decisión.
“Todo lo que tenia que decir era ‘ Singapur abstains’ ”, contó González. “Pero le encantaba trabajar con ellos. Siempre me decía, ‘imagínate que papi me viera aquí en las Naciones Unidas’ ”.
Entre las historias favoritas de Rodríguez estaba la del dia que el entonces primer ministro de Singapur, Lee Kuan Yew, se negó a entrar a una reunión en Nueva York, si no la dejaban entrar también a ella.
“Dijeron que tradicionalmente no le spermitían a mujeres entrar a esa reunión pero ella era la que los representaba”, contó González, quien escuchó la historia varias veces. “Entonces el ministro dijo: si Helena no entra, yo no entro”.



























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