Cuando Eddy Alvarez se calzó un par de patines por primera vez en su vida nunca imaginó que en uno de los lugares más calientes de Estados Unidos comenzaría una historia de éxito en el frío más intenso.
Una de las esperanzas más grandes de la nación en el patinaje sobre hielo, el chico de Miami jamás olvidará aquella mañana en que conoció la sensación de libertad nacida de las ruedas bajo sus pies.
Mi padre solía llevarme a patinar en South Beach desde los cuatro años y aquella emoción de velocidad a tan temprana edad es algo que se queda en la mente para siempre, expresó el muchacho desde Utah, donde reside y práctica en la sede del equipo olímpico de patinaje. Tanto me gustó y tan bien me fue que un año más tarde ya era campeón nacional de mi categoría, esta vez sobre hielo. La gente no se explica cómo un chico de Miami puede triunfar en un deporte tan gélido. No los culpo, ni yo mismo lo explico.
Por estos días Alvarez pone los puntos finales de su preparación antes de viajar al campeonato mundial de su disciplina que tendrá lugar en Budapest, Hungría, donde aspira a conquistar una medalla en la modalidad de Short Track de 500 a 1,500 metros y cimentar su posición dentro de la escuadra, con el objetivo de formar parte de la delegación a los Juegos de Invierno del 2014 con sede en Sochi, Rusia.
Si Alvarez llega a esa cita, será el segundo cubanoamericano de Miami que participe en unas Olimpiadas, siguiendo la ruta de Jennifer Rodríguez.
Pero llegar a este punto no fue fácil, al menos no en Miami y hace 20 años, cuando las pistas de hielo eran una especie de milagro en medio del trópico, y aparecían y desaparecían con la misma rapidez en que se derrite un helado. El padre de Eddy, Walter Alvarez, se ríe ahora cuando repasa aquellos momentos en que una vez por semana tomaba al niño y enfilaban rumbo a la pista más cercana, que muchas veces era la Kendall Ice Arena.
Hay que tener mucha fuerza de voluntad para seguir adelante, pero todo el mundo siempre decía que Eddy tenía un talento especial para los patines y al parecer es así, y no por gusto lo llamaban Eddy The Jet, comenta Walter. El entrenaba un solo día a la semana y ganaba en cuanto torneo participara por encima de otros que vivían en zonas frías y entrenaban a diario. Pero más allá de vencer a los rivales en la pista, tuvo que sostener una tremenda batalla interna para rescatar al velocista de hielo por encima del pelotero, y esta es una encrucijada en la que apenas ha encontrado una tregua interior.
A pesar de sus cuatro títulos nacionales en distintas edades y sus participaciones en torneos foráneos representando a Estados Unidos, el amor por la pelota estuvo muy cerca de desbaratar los planes de llegar a lo más alto en el patinaje, sobre todo cuando el muchacho estudio en la secundaria de Columbus, una escuela reconocida en Miami-Dade por ser una potencia beisbolera.
En sus cuatro años de high school, Alvarez apenas tocó los patines y se dedicó a atrapar pelotas en su posición favorita, torpedero, y hasta su nombre estuvo en boca de varios cazatalentos de las Grandes Ligas. Para ponerle más presión, su hermano Nick Alvarez era uno de los principales prospectos de los Dodgers de Los Angeles y papá Walter como todo cubano de Miami soñaba con verlos a ambos jugar juntos en las Mayores.





























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